12/06/2026
Durante mucho tiempo pensé que el malestar era el precio que había que pagar para lograr las cosas importantes.
Siempre fui la que podía con todo, familiar académica y laboralmente, y me encantaba. Mucho de mi identidad por entonces se formó sobre esa base. Era la que seguía adelante incluso cuando el cuerpo empezaba a pedir ayuda.
Pero detrás había estrés, angustia, autoexigencia oscura y una desconexión cada vez mayor de mis propias necesidades, con mi propio cuerpo.
Con los años pasaron muchas cosas. Hubo algo que me ardía la piel antes de poder ponerlo en palabras: a veces no son solo hábitos, trabajos o personas lo que nos mantiene agotados, sino creencias profundamente arraigadas sobre nuestro valor interno, la meritocracia y la necesidad de estar siempre demostrando algo a un otro que nos creamos nosotros.
Mi cuerpo terminó convirtiéndose en el mensajero de aquello que yo no estaba pudiendo ni queriendo escuchar.
Hoy sigo aprendiendo a construir una forma más sana de habitar mi cuerpo, respetando límites y entendiendo que descansar no es renunciar a nuestros sueños.
Como psicóloga, acompaño a personas que viven cansadas de someterse al sistema, y sobre todo a esas creencias, de exigirse, de sentirse insuficientes y postergar su bienestar porque creen que siempre tienen que poder un poco más.
Ahora, quiero preguntarte:
✨ ¿En qué momento te diste cuenta de que tu cansancio te viene a decir algo más?
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