07/03/2026
No sanas a tu madre.
Sanas el lugar desde donde la miras.
Porque ella no necesita cambiar
para que tú estés en paz.
Eres tú quien necesita cambiar la posición.
Mientras la juzgas,
sigues atado.
Mientras la corriges internamente,
sigues siendo pequeño.
No es lo que hizo.
Es desde dónde lo miras.
El juicio te mantiene arriba.
La queja te mantiene enganchado.
La exigencia te mantiene esperando.
Y desde ahí,
no hay libertad.
Sanar no es arreglarla.
Es soltar la necesidad de que sea distinta.
Es verla como es.
Y dejar de pelear con lo que fue.
Y en ese gesto,
algo se libera:
dejas de luchar,
dejas de esperar,
y empiezas, por fin,
a vivir tu vida propia