27/05/2026
Llegás cansada.
Te sentás un segundo, mirás lo que hay en la cocina y todavía falta una decisión más:
qué comer.
A mí esa decisión me pesaba mucho más de lo que parecía.
Porque no era solo cocinar.
Era pensar qué combinar, qué usar antes de que se eche a perder, qué hacer rápido, qué no me caiga pesado, qué no sea siempre lo mismo.
Y todo eso, después de un día largo, se siente como otra tarea más.
Con el tiempo entendí que el problema no era falta de ganas.
Era falta de ideas listas.
Por eso empecé a dejarme opciones simples pensadas de antemano. Comidas posibles, con ingredientes normales, para esos momentos donde ya no quería decidir más.
No para cocinar perfecto.
Para resolver.
¿Te pasa también eso de tener comida, pero no tener ideas?
Vale ❤️