09/03/2025
🔸 Este fin de semana viajé a Colonia, Uruguay. Resultó ser el último fin de semana de carnaval.
🔸Vi desfilar la comparsa “Caracú Quemao” por la Avenida Flores, la principal de Colonia.
🔸Siempre me gustó el carnaval, disfrazarme con mis hermanos y primos para ir al corso de San Miguel, en Buenos Aires, era para mi una fiesta!
🔸Este vienes de corso, comparsa y candombe, me llevó a pensar en esto que dice Freud sobre las fiestas: “Una fiesta es un exceso permitido”.
🔸 Históricamente, el carnaval surgió como un período de excesos antes de la Cuaresma, cuando la Iglesia imponía ayuno, abstinencia y penitencia. Era la última oportunidad para comer, beber y hacer todo lo que después estaría prohibido.
🔸El carnaval es una fiesta, es un ritual donde se expresa algo que normalmente está reprimido. La alegría es producida por la libertad de realizar lo que en tiempos “normales” está prohibido.
🔸Lo colectivo sostiene este ritual. 🔸Hay cohesión grupal, alguien dirige, ordena, hay un sentido de pertenencia que de no existir llevaría a un desborde pulsional desmedido.
🔸Me quedé observando esa identidad compartida, ese lazo social que se fue gestando meses atrás cuando empiezan a preparar los trajes de la comparsa. La alegría desborda los rostros transpirados por un calor insoportable.
🔸Lacan decía: “Lo bueno de las fiestas es que ocurren cosas que trastocan el orden lo habitual”.
🔸El carnaval y las fiestas en general, son una pausa a la represión que nos recuerda por un rato como es vivir sin el peso de las exigencias y las obligaciones.
🔸Pero esta pausa es limitada, no podemos vivir de fiesta, porque para que haya fiesta tiene que haber prohibición, que la ley vuelva a instaurarse para poder disfrutar de no cumplir por un rato con esa ley.
🔸Así se termina también mi pausa de un fin de semana de fiesta y descanso para volver mañana con energía renovada a mi vida habitual!