06/08/2026
¿Por qué solemos decir que un diagnóstico no es una etiqueta?
Mientras preparaba esta serie, me hice una pregunta.
¿Es realmente así?
Porque, si lo pensamos bien, un diagnóstico también nombra, clasifica y orienta. En ese sentido, podría parecer una etiqueta.
Entonces, ¿por qué insistimos en que no lo es?
Creo que la diferencia no está en el diagnóstico en sí, sino en el lugar que le damos.
El problema no es recibir un diagnóstico.
El problema aparece cuando creemos que ese diagnóstico dice todo acerca de una persona, cuando deja de ser una herramienta clínica y pasa a convertirse en una identidad.
No es lo mismo decir:
"Recibí un diagnóstico de depresión."
Que decir:
"Soy depresivo."
No es solo una diferencia de palabras.
Es una diferencia en la forma de mirarnos.
Un diagnóstico puede orientar un tratamiento, ayudar a pensar los cuidados que una persona necesita y facilitar el trabajo entre distintos profesionales.
Pero no puede contar una historia, explicar una vida ni responder quién es alguien.
Desde el psicoanálisis, un diagnóstico no busca reemplazar a la persona. Busca orientar la escucha y el trabajo clínico.
Por eso, más que ofrecer respuestas definitivas, abre preguntas.
¿Qué significa ese sufrimiento para esa persona?
¿Qué lugar ocupa en su historia?
¿Cómo se expresa en su vida?
Dos personas pueden compartir un mismo diagnóstico y, sin embargo, vivir experiencias completamente diferentes.
Porque un diagnóstico puede tener el mismo nombre.
La historia de cada sujeto, nunca.