27/07/2026
¿Llegás agotado/a a la noche, sabés que necesitás dormir, pero aun así seguís con el celular, mirando una serie o haciendo cualquier cosa para no acostarte?
No siempre se trata de insomnio.
A veces, postergar el sueño cumple una función: recuperar un poco de libertad, prolongar el único momento de disfrute del día o evitar quedarnos a solas con pensamientos, preocupaciones y tareas pendientes.
Cuando atravesamos días cargados de obligaciones, presión o poco disfrute, la noche puede convertirse en el único espacio que sentimos verdaderamente propio. Dormir, entonces, puede sentirse menos como descanso y más como renunciar a ese momento.
El problema es que se arma un ciclo:
Dormimos menos → al día siguiente tenemos menos energía y regulación emocional → el día se vuelve más difícil → necesitamos todavía más escapar durante la noche.
Y el celular puede intensificarlo: ofrece novedad, distracción y recompensa inmediata justo cuando estamos más cansados y tenemos menos capacidad para frenar impulsos.
Por eso, dormir mejor no siempre empieza únicamente con “soltar el celular”. También puede implicar preguntarnos:
¿Por qué necesito tanto este momento nocturno?
¿Qué me está faltando durante el día?
¿Qué aparece cuando se termina el ruido y hago silencio?
En el carrusel te contamos algunos de los factores que pueden estar manteniendo este patrón y distintas vías para empezar a modificarlo.
🎧 Podés profundizar sobre este tema en nuestro nuevo episodio de Psicoeducando, disponible en Spotify y YouTube.
💬 ¿Te pasa que durante todo el día querés descansar, pero cuando llega la noche no querés irte a dormir?