16/07/2026
Durante años, mi cuerpo no se apagaba.
Me despertaba de noche con el corazón acelerado, el cuerpo congelado, intentando gritar sin que saliera la voz. De día funcionaba. De noche, mi cuerpo hablaba.
Probé todo lo que se supone que funciona: respiración, yoga, meditación. Y me ayudaban — de verdad. Aprendí a calmar las crisis de ansiedad. Pero calmaban el momento: la raíz seguía intacta, y el insomnio siempre volvía.
El giro llegó de una forma inesperada. Me fui a un ashram buscando cambiar de carrera, y allí me crucé con la terapia somática. Empecé a formarme, y por primera vez me sentí segura para dejar que mi cuerpo mostrara lo que guardaba.
Y apareció el origen que llevaba años sin ver. Al trabajarlo, no cambió solo el síntoma: recuperé mi vida. Descubrí que vivía de una forma que no había elegido del todo, y me elegí a mí.
Algo aprendí en ese camino: no lo hice sola. Sentirme acompañada por alguien en quien confiar fue la llave. Ahí es donde la terapia florece.
Hoy soy terapeuta y acompaño a mujeres que viven con ataques de pánico y ansiedad.
Quiero ser honesta contigo: no he vivido tus ataques de pánico. Pero conozco desde dentro lo que es vivir con el cuerpo en modo alerta. Sé lo que es temer a la noche. Y sé, porque lo he recorrido, que la salida no está solo en la cabeza.
Tu cuerpo no está roto. Te está protegiendo. Y también guarda tu salida.
Escríbeme, estoy aquí. 🤍