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Luna Nueva en Cáncer: cuando una nueva historia comienza a escribirseHay una forma de mirar la astrología que me gusta p...
13/07/2026

Luna Nueva en Cáncer: cuando una nueva historia comienza a escribirse

Hay una forma de mirar la astrología que me gusta profundamente.

No la que intenta decirte qué va a pasar, sino la que utiliza el cielo para hacernos preguntas que, si nos las tomamos en serio, pueden cambiar la forma en que vivimos nuestra propia historia.

Porque, seamos honestos, vivimos en una sociedad que muchas veces nos enferma desde las ideas que reproduce sobre quién deberíamos ser. Y si el discurso terapéutico quiere ser realmente transformador, también tiene que ser incómodo. Tiene que invitarnos a cuestionar aquello que siempre dimos por obvio.

Y esta Luna Nueva en Cáncer trae, precisamente, un comienzo importante.

El momento en que nos damos la oportunidad de mirar nuestra historia con otros ojos.

Porque quizás no puedas cambiar toda la mi**da que te pasó.

Pero sí existe el potencial de convertir esa mi**da en abono.

Y créeme, eso cambia completamente la historia.

Esta Luna Nueva viene a decirnos:

*Regálate la oportunidad de mirarte distinto.*

Porque eso que buscaste durante años en un grupo, en una pertenencia o esperando que alguien viniera a entregártelo desde afuera, quizás hoy comiences a descubrir que siempre estuvo dentro de ti.

Hay una dignidad que nunca dependió de cumplir expectativas ajenas.

Nunca dependió de ser suficiente para otros.

Nunca dependió de demostrar nada.

Siempre fue tuya.

Y tal vez hoy sea el momento de rebelarte, incluso contra la versión de ti que aprendió a dudar de su propio valor, para ofrecerte ese respaldo poderoso e indomesticable que sólo puede venir de ti mismo.

Porque, seamos sinceros, no todo lo que heredamos fue una decisión consciente.

Muchas ideas simplemente las absorbimos.

Las repetimos.

Las defendimos.

Las dimos por verdaderas porque todo nuestro entorno también lo hacía.

Pero... ¿y si muchas de esas certezas nunca fueron realmente tuyas?

¿Y si sólo eran formas de pertenecer?

Porque tener un pasado no significa vivir condenado a él.

Con el tiempo descubrimos algo muy interesante: la historia siempre la cuenta alguien.

Y si tú llevas años contándote una donde perdiste...

Tengo una noticia.

Hoy quien escribe esa historia eres tú.

Y quizás descubras que no eres la víctima eterna de ese relato, sino la persona que, incluso con todo en contra, siguió apostando por la vida.

Y eso merece otra narrativa.

La astróloga Liz Greene ha desarrollado una idea que me parece profundamente humana: los signos no describen personas, describen procesos que todos atravesamos en distintos momentos de la vida.

Y el eje *Cáncer-Capricornio* probablemente sea uno de los más importantes.

Cáncer representa esa parte de nosotros que necesita cuidado, refugio, pertenencia y un lugar donde sentirse emocionalmente a salvo. Capricornio, en cambio, representa el momento en que comprendemos que nadie puede vivir nuestra vida por nosotros y que también debemos convertirnos en adultos de nuestra propia historia.

No para endurecernos.

No para dejar de necesitar a otros.

Sino para descubrir que la responsabilidad más profunda no consiste sólo en cumplir deberes, sino también en aprender a sostener nuestra propia vida emocional.

Quizás crecer nunca consistió en dejar atrás nuestra sensibilidad.

Quizás crecer significa aprender a protegerla.

Y ese cambio transforma completamente la manera en que amamos, ponemos límites, trabajamos, cuidamos de otros y, sobre todo, la forma en que aprendemos a cuidarnos a nosotros mismos.

Nada de esto aparece porque sí.

Venimos de un año entero preguntándonos qué nos nutre realmente, qué significa pertenecer y qué historia hemos construido sobre nosotros mismos.

Esta Luna Nueva funciona como un puente.

Un puente entre el hogar interno que comenzamos a construir y aquello que ahora está listo para ser compartido con el mundo.

La pregunta ya no es solamente:

¿Dónde pertenezco?

Ahora la pregunta cambia.

¿Qué parte de mí está lista para mostrarse?

Y ya no desde la necesidad de reconocimiento.

Eso puede quedar atrás.

Sino desde esa parte de nosotros que permaneció demasiado tiempo en silencio creyendo que era más seguro esconderse.

Pero todo nacimiento implica despedidas.

Y probablemente esta Luna también nos pida soltar identidades que durante años confundimos con quienes éramos.

No sólo personas.

También cualidades.

El exceso de sacrificio.

Los silencios.

La falta de límites.

La necesidad de agradar.

Las ideas heredadas.

Las lealtades ciegas.

Los roles.

Las historias que alguna vez nos dieron seguridad, pero que hoy simplemente ya no tienen sentido.

Sha fue.

Y quizás el cambio más profundo ocurra precisamente en nuestra manera de pensar.

Porque...

¿Y si ya no necesitas pensar como pensabas para seguir siendo tú?

La verdadera revolución comienza cuando dejamos de vivir desde narrativas ajenas y nos atrevemos a descubrir quiénes podemos llegar a ser.

Por eso esta Luna Nueva no viene a borrar el pasado.

Viene a permitirnos hacer una lectura completamente distinta de él.

No necesitamos olvidar quiénes fuimos.

Necesitamos permitirnos convertirnos en nuevas versiones de nosotros mismos.

Por eso te dejo algunas preguntas para estos días.

Pon atención a tus memorias emocionales.

A las historias que se cuentan en tu familia.

A la forma en que aprendiste a protegerte.

A tus diálogos internos.

Y pregúntate con toda honestidad:

¿Quién me enseñó a pensar así sobre mí mismo?

¿Qué ideas ya no me representan?

¿Qué lenguaje heredé?

¿Qué conversaciones necesito tener?

¿Cómo cambiaría mi vida si me permitiera pensar diferente?

Porque ya hemos reflexionado bastante sobre qué consideramos hogar, pertenencia y nutrición emocional.

Ahora toca otra etapa.

Construir un hogar dentro de nosotros para, desde ahí, salir al mundo a compartir nuestra propia luz.

Y sí, probablemente eso implique dejar atrás identidades colectivas, sistemas de poder, pertenencias grupales e incluso teorías que durante años sentimos como propias.

No porque el colectivo no importe.

Sino porque también existe una identidad profundamente personal que merece encontrar su lugar.

Y eso no es individualismo.

Despierta.

Eso es individuación.

Esta Luna no sólo nos invita a confiar en un nuevo orden.

Nos invita a desarrollar un nuevo discernimiento.

A distinguir qué parte de nuestra identidad nació del miedo a no pertenecer y cuál nace, por fin, de una verdad profundamente propia.

Porque la verdadera libertad no consiste en dejar de pertenecer.

Consiste en dejar de traicionarte para poder hacerlo.

Feliz Luna Nueva en Cáncer.

Y recuerda algo importante.

Todo esto dialoga de manera distinta con la carta natal de cada persona.

Los tránsitos son colectivos, pero la forma en que cada uno los vive es profundamente única.

Si quieres hacer este mismo viaje, pero a través de tu propia historia y de tu carta natal, mi agenda para esta Luna Nueva ya está abierta.

Hola, querida comunidad Yana.Hoy vengo a hablar de actualidad... jajaja. Bueno, en realidad es un nuevo escrito inspirad...
08/07/2026

Hola, querida comunidad Yana.

Hoy vengo a hablar de actualidad... jajaja. Bueno, en realidad es un nuevo escrito inspirado en los tránsitos astrológicos.

Hoy quien me inspira es Venus, la diosa del amor, que deja Leo para entrar en Virgo y encontrarse con el Nodo Sur. Pero eso, dicho así, suena a hablar en chino, así que dejemos la ñoñería un momento y permitamos que la inspiración haga de traductora.

Porque, para variar, hoy traigo preguntas. Y hay una que, creo, merece ser respondida con mucha honestidad:

¿Cuánto de mi manera de amar nace del cuidado genuino y cuánto, en realidad, de la necesidad de corregirme o corregir a otros?

Muchas veces ni siquiera cuestionamos estas formas de vincularnos. Las naturalizamos por costumbre, incluso cuando ya no nos hacen bien ni a nosotros ni a quienes amamos.

Di la verdad, Rosa... ¿quién no se ha puesto un poco criticón alguna vez y lo ha disfrazado de amor? Qué toxicidad más tierna, ¿no?

Pero pongámosle un poco de sabor al cahuín e imaginemos algunas posibilidades.

¿Será que necesitamos sentirnos útiles para creer que merecemos amor?

¿Será que creemos que debemos ser perfectos para ser elegidos?

¿O que terminamos cuidando más las necesidades de los demás que las propias?

¿O esa autoevaluación constante que, más que mejorar la experiencia, termina arruinando los planes?

¿Y por qué traigo el tema del cuidado?

Porque seguimos en temporada de Cáncer. Un saludo a todos esos cangrejitos hermosos, sensibles y preocupados. Unos solcitos, los quiero mucho.

Cáncer representa el arquetipo del cuidado y nos pregunta:

¿Qué necesito para sentirme cuidado?

Pero Venus agrega un matiz muy interesante:

¿Cómo intento conseguir ese cuidado?

¿Portándome bien?

¿Siendo eficiente?

¿Resolviendo los problemas de todos?

¿No molestando?

¿Estando siempre disponible para los demás?

Y aquí aparece una de las confusiones más comunes:

No confundamos cuidado con rendimiento.

Porque una cosa es expresar amor a través del cuidado, y otra muy distinta es creer que nuestro valor depende de cuánto hacemos por los demás.

De hecho, el reel que publiqué hace poco sobre por qué dejamos nuestra salud para el final tiene mucho que ver con esto.

A veces, sin darnos cuenta, vivimos desde una creencia muy profunda:

**"Merezco cuidado sólo si me sacrifico. Sólo si soy útil."**

Y si identificas uno o varios patrones como estos, quizá no estés frente a un problema individual, sino frente a una trampa cultural.

Ese cuidado que parece amor, pero que en realidad nace del miedo a no ser suficientes.

Y ojo, porque esa forma de funcionar no sólo determina cómo entregamos amor.

También determina cómo lo recibimos.

Silenciamos necesidades.

Aguantamos situaciones.

Postergamos límites.

No necesariamente porque creamos merecer ese trato, sino porque, en algún rincón de nosotros, existe el temor de que, si dejamos de sostener a todos, dejemos también de ser merecedores de cariño.

Es duro reconocerlo.

Pero probablemente sucede mucho más de lo que nos gustaría aceptar.

Y vale la pena reflexionarlo, no sólo por nosotros, sino también por todo aquello que se sostiene gracias a ese funcionamiento.

Porque muchas personas también se benefician —muchas veces sin siquiera darse cuenta— de nuestra dificultad para poner límites, valorar nuestro tiempo o cuidar nuestra propia energía.

Y claro, cuando empezamos a transformar estos patrones, inevitablemente algunas dinámicas también cambian.

Sin embargo, son precisamente esos cambios los que pueden abrir un camino profundo hacia la salud.

Porque la enfermedad necesita un terreno donde prosperar.

Y muchas veces ese terreno está formado por hábitos emocionales, formas de vincularnos y creencias tan antiguas que ya las confundimos con nuestra personalidad.

Quizás este tránsito no venga a enseñarnos simplemente una nueva manera de amar.

Quizás venga a invitarnos a soltar cadenas que llevan tanto tiempo con nosotros que ya ni siquiera recordábamos que existían.

Y, al hacerlo, recuperar aspectos de nosotros mismos que siempre estuvieron ahí, esperando el momento de volver a respirar.

08/07/2026

Hay algo que me llama profundamente la atención.

La mayoría de las personas no comienza a cuidar su salud cuando aparecen las primeras señales. Lo hace cuando el cuerpo ya no le permite seguir funcionando como antes.

Y creo que esto rara vez ocurre por falta de interés.

Muchas veces simplemente esperamos. Nos convencemos de que mañana estaremos mejor, que el próximo fin de semana descansaremos o que cuando pase este período recién podremos preocuparnos de nosotros.

Otras veces sentimos que hay cosas más importantes: los hijos, la pareja, el trabajo, la familia o incluso nuestras mascotas. Y sin darnos cuenta, terminamos siendo la última prioridad de nuestra propia vida.

Pero también creo que existe algo más profundo.

Vivimos en una cultura que admira a quien aguanta. A quien sigue produciendo a pesar del cansancio. A quien nunca falta. A quien siempre puede con todo.

Descansar suele vivirse con culpa. Enfermarse muchas veces se interpreta como una interrupción, cuando en realidad también puede ser una señal de que llevamos demasiado tiempo funcionando por encima de nuestra capacidad de recuperarnos.

Desde la medicina china aprendí algo que cambió profundamente mi forma de entender la salud: muchas veces el síntoma no aparece de un día para otro. Es el resultado de pequeños desequilibrios que fuimos normalizando durante semanas, meses o incluso años.

Por eso, cuando alguien llega a consulta, no me interesa solamente aliviar un dolor o hacer desaparecer un síntoma.

Me interesa comprender qué estaba ocurriendo antes de que ese síntoma apareciera.

¿Cómo estaba descansando esa persona?

¿Cómo se estaba alimentando?

¿Qué nivel de estrés llevaba sosteniendo?

¿Qué lugar ocupaba ella misma dentro de sus propias prioridades?

Porque muchas veces el verdadero cambio no comienza cuando encontramos el tratamiento correcto.

Comienza cuando dejamos de creer que siempre podemos esperar un poco más.

Y quizás esa sea una de las formas más profundas de autocuidado: entender que cuidar de uno mismo no es un acto egoísta, sino la base desde la cual también podemos sostener todo lo demás.

Este contenido no busca reemplazar la eva

Luna Llena en Capricornio: el valor de escuchar aquello que hemos intentado silenciarQuiero aprovechar este momento para...
29/06/2026

Luna Llena en Capricornio: el valor de escuchar aquello que hemos intentado silenciar

Quiero aprovechar este momento para conectarnos con los ciclos naturales, con esa danza infinita entre el Sol, la Luna y la Tierra, que en esta oportunidad viene a susurrarnos preguntas profundas sobre dos aspectos primordiales de la existencia.

Por un lado, encontramos la emoción profunda y sensible, aquella que habita territorios a los que la mente y la razón jamás podrán acceder completamente. Por otro, la materia, la estructura y aquello que nos permite sostener la vida cotidiana. Más que fuerzas opuestas, quizás son expresiones complementarias de la misma magia de existir: la experiencia profundamente humana de buscar equilibrio entre sentir y sostener.

Esta Luna Llena en el eje Cáncer-Capricornio nos confronta precisamente con esa tensión. De un lado, buscamos seguridad, pertenencia, cuidado y refugio emocional; del otro, nos endurecemos para sostener responsabilidades, metas y estructuras que, en sus expresiones más extremas, pueden sacrificar el sentir en nombre de la productividad, el deber o la supervivencia.

Y es allí donde emerge la gran pregunta: ¿cómo reconciliamos nuestra vulnerabilidad con nuestra autonomía? ¿Cómo habitamos la tensión entre sentir y actuar, pertenecer y perseguir nuestros propios objetivos, empatizar y, al mismo tiempo, abrazar el pragmatismo necesario para sostener nuestra existencia?

Esta reflexión cobra aún más sentido en un momento donde la memoria parece deambular entre recuerdos, vínculos y necesidades de pertenencia, invitándonos a observar aquellas necesidades emocionales que ya no podemos seguir ignorando si realmente queremos construir una vida sustentable.

Porque sí, es importante cumplir metas y asumir responsabilidades. Sin embargo, cuando esas metas no nutren nuestras necesidades más profundas, cuando los logros o las tradiciones dejan intacta el hambre del corazón, algo comienza a perder sentido. El cuidado, la empatía, la protección y la ternura también son alimento. Son una nutrición inmaterial, pero no por ello menos esencial para la vida.

Quizás este sea el momento de asumir aquello que hemos evitado escuchar, de dejar de hiperracionalizar emociones que no necesitan ser comprendidas para ser legítimas. Hay sentimientos que no demandan explicación; sólo requieren el acto profundamente valiente de ser sentidos y sostenidos, independientemente de si tienen o no una justificación racional.

Durante el último tiempo hemos estado expandiendo y cuestionando nuestras propias ideas sobre el cuidado, la vulnerabilidad y la pertenencia. Hemos revisado qué entendemos por familia, cómo nos relacionamos con nuestra memoria y qué significa realmente encontrar refugio. Y tal vez hemos descubierto que algunos lugares, personas o historias que considerábamos hogar emocional ya no pueden entregarnos aquello que verdaderamente necesitamos.

Entonces emerge un desafío fundamental: reconocer que el refugio más profundo y el respaldo más significativo quizás debamos aprender a construirlos dentro de nosotros mismos.

Esto no significa que el camino sea fácil. Al contrario, implica enfrentar desafíos importantes. Pero vale la pena recordar que los desafíos no están aquí para detenernos, sino para desarrollar en nosotros las capacidades necesarias para dar vida a una nueva forma de conciencia: una que nos nutra y nos permita actuar incluso cuando no contamos con todas las certezas.

Porque esa es, quizás, una de las grandes lecciones de este momento: muchas veces debemos avanzar sin garantías. Y es precisamente allí donde comienza a emerger nuestra verdadera identidad y nuestra responsabilidad personal, liberadas de la necesidad constante de validación externa.

Pero esto también nos exige hacernos una pregunta profunda:

¿Quiénes somos realmente?

No en relación con el colectivo, la cultura o las tradiciones que heredamos y reproducimos, sino en relación con nuestra propia experiencia.

Y sí, será desafiante, porque implicará aprender a distinguir entre la intuición que nos impulsa hacia adelante y las fantasías o narrativas que hemos sostenido durante años. Implicará cuestionar ideologías, escapar de antiguos refugios y permitir el surgimiento de una verdad más original, más libre y más auténticamente nuestra.

Por eso, este momento nos invita a reconocer nuestras necesidades emocionales y asumir la responsabilidad de honrarlas, sin esperar que otras personas, vínculos o instituciones vengan a entregarnos aquello que también debemos aprender a ofrecernos a nosotros mismos.

Porque si existe algo cercano a una pertenencia verdadera en esta vida, quizás sea, precisamente, aprender a habitarnos.

Y eso nunca vendrá exclusivamente desde afuera, sino de nuestra propia capacidad para reconocer qué es aquello que realmente nos nutre.

Así que atrévete a dar el salto hacia esa verdad encarnada que es la propia. Hacia una identidad que no se sostiene únicamente en la aprobación, el cuidado o las expectativas ajenas, sino que emerge valiente, indómita, empática y profundamente revolucionaria.

Una identidad que no huye del desafío, sino que lo reconoce como una oportunidad única para desarrollar aquello que nos hace más auténticos, más libres y, quizás también, más plenos.

Y en ese camino, el acto de encontrarnos a nosotros mismos deja de ser únicamente un acto de amor personal para convertirse, también, en un profundo acto de amor colectivo.

Por mí, por ti y por todas las personas con quienes compartimos este viaje.

24/06/2026

La tos y las flemas son muy comunes en esta época del año 🍂
y en Medicina China no solo buscamos aliviar el síntoma, sino entender por qué el cuerpo está produciendo esa acumulación.

Desde una mirada integrativa, esto puede relacionarse con el Pulmón, el Bazo y también con factores del entorno, el estrés y la forma en que estamos viviendo esta temporada.

👉 Puedes estimular este punto entre 1 a 3 minutos
👉 Al menos 2 veces al día, con presión suave y constante

⚠️ Si presentas fiebre, recuerda acudir a tu centro asistencial más cercano.

Este tipo de abordaje lo trabajo en sesión, donde analizamos el síntoma desde su raíz física, energética y también desde lo que tu contexto está influyendo en tu cuerpo.

En esta época es muy común ver tos, flemas y congestión, pero no es algo “normal” que debas simplemente aguantar.

Si quieres entender qué está expresando tu cuerpo en tu caso particular, puedes agendar una sesión conmigo 📩

Una de las cosas que he observado con los años es que gran parte de nuestro sufrimiento surge cuando intentamos controla...
19/06/2026

Una de las cosas que he observado con los años es que gran parte de nuestro sufrimiento surge cuando intentamos controlar cómo otras personas interpretan nuestras acciones.

Sin embargo, la realidad es que todos observamos el mundo desde lugares distintos.

Desde nuestras experiencias.

Nuestros valores.

Nuestras heridas.

Nuestras historias.

Y eso significa que muchas veces una misma situación dará lugar a interpretaciones completamente diferentes.

Lo que para una persona puede ser una broma, para otra puede resultar incómodo.

Lo que para alguien es un límite sano, para otro puede sentirse como rechazo.

Lo que una persona vive como honestidad, otra puede interpretarlo como agresividad.

Y aunque el diálogo puede ayudarnos a comprendernos mejor, también creo que es importante recordar que la vida no ocurre en condiciones ideales.

Muchas veces hablamos de cómo deberíamos reaccionar.

Cómo deberíamos escuchar.

Cómo deberíamos resolver los conflictos.

Pero la realidad es que somos seres humanos.

Tenemos emociones.

Tenemos días buenos y días malos.

A veces respondemos desde la calma.

Y otras veces respondemos desde el cansancio, la rabia, el miedo o la frustración.

Y eso no nos convierte automáticamente en malas personas.

Tampoco nos vuelve inconscientes, inmaduros o incapaces de crecer.

Nos vuelve humanos.

Por supuesto que eso no significa que todo dé lo mismo.

Nuestras acciones tienen consecuencias.

Podemos equivocarnos.

Podemos herir a otros.

Podemos tomar decisiones que después no nos representan.

Y reconocer esos errores es una parte importante del crecimiento.

Pero también creo que existe una diferencia entre aprender de nuestros errores y vivir condenándonos por ellos.

Del mismo modo, creo que existe una diferencia entre sostener una conversación que busca comprensión y entrar en una discusión donde ninguna de las personas está realmente disponible para escuchar.

Por eso cada vez valoro más la capacidad de elegir nuestras batallas.

No desde la evasión.

No desde el miedo.

Sino desde el autocuidado.

Preguntándonos honestamente qué estamos intentando hacer.

¿Queremos comprender?

¿Queremos resolver?

¿Queremos reparar?

¿O solamente queremos demostrar que tenemos la razón?

Porque no todas las conversaciones están listas para ser tenidas.

Y no todos los desacuerdos necesitan resolverse de inmediato.

A veces será posible abrir espacios de diálogo profundos y transformadores.

Otras veces no.

Y creo que también está bien reconocerlo.

Del mismo modo que está bien reconocer que no todas las personas seguirán formando parte de nuestra vida.

No necesariamente porque alguien sea una mala persona.

No necesariamente porque exista un culpable.

Sino porque cada uno decide dónde invertir su tiempo, su atención y su energía emocional.

Y eso también forma parte de la libertad.

No creo que exista una forma perfecta de relacionarnos.

No creo que exista una única manera correcta de reaccionar frente a las dificultades.

Creo más bien en la capacidad de seguir aprendiendo.

De revisar nuestras acciones.

De reconocer errores cuando corresponda.

De sostener límites cuando son necesarios.

Y de recordar que detrás de cada interpretación, cada desacuerdo y cada emoción intensa, seguimos encontrándonos con algo profundamente humano: personas intentando comprender la vida desde el lugar en el que hoy les toca habitarla.

19/06/2026

Cada vez son más las personas que llegan diciendo algo parecido:

Estoy cansado, pero no logro apagar la mente.

Vivimos rodeados de estímulos, pantallas, preocupaciones y exigencias que mantienen nuestro sistema en estado de alerta durante gran parte del día.

Este punto, acompañado de una respiración lenta y profunda hacia el abdomen, puede ser una herramienta sencilla para comenzar.

Sin embargo, cuando las dificultades para dormir se vuelven frecuentes, rara vez me interesa únicamente el sueño.

Me interesa comprender qué está ocurriendo detrás.

¿Cómo están tus niveles de estrés?

¿Cómo está tu alimentación?

¿Cómo está tu energía durante el día?

¿Cuánto tiempo llevas funcionando en modo supervivencia?

Porque muchas veces el insomnio no es el problema principal.

Es una señal de que algo más está necesitando atención.

Por eso, en consulta, no trabajo únicamente sobre el síntoma. Busco comprender a la persona que está viviendo ese síntoma.

Su contexto.

Sus hábitos.

Su historia.

Su forma de relacionarse con el descanso, el trabajo y las exigencias de la vida cotidiana.

No debemos normalizar el mal descanso.

Dormir mal de forma sostenida puede afectar nuestro estado de ánimo, concentración, energía y salud física

Y cuando logramos comprender qué está sosteniendo ese desequilibrio, muchas veces el proceso de recuperación deja de ser una lucha constante contra uno mismo.

Porque aliviar un síntoma es importante.

Pero comprender su origen suele ser igual de importante.

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