14/09/2026
Las relaciones felices son esenciales para construir la felicidad en la vida. Sobre todo, con los seres queridos.
Hemos experimentado 20 días inolvidables visitando a nuestro hijo Pablo en Denver, Estados Unidos.
Conocimos el hermoso espacio donde habita y que logró preparar para recibirnos a sus padres, además de su hermano Ariel y su abuelita Sonia.
Celebramos con él sus 30 años.
Volvimos a convivir y compartir a diario y a sostener relaciones felices.
Cocinamos juntos, comimos juntos, volvimos a vivir juntos.
Conocimos a su pareja y a varios de sus amigos.
Y recorrimos, además de sitios preciosos de Denver y sus alrededores, parte de Colorado y New Mexico visitando parques nacionales, monumentos naturales, otros paisajes preciosos y ciudades que de las que habíamos escuchado o visto solo en películas o seriales.
Nos comunicamos con plantas, animales y parajes inolvidables.
Todo lo vivido quedará por siempre en nuestros corazones.
Ha sido un viaje feliz, del cual comenzamos a despedirnos para retornar a nuestra tierra, Peñalolén, Santiago de Chile, a estar más cerca de otros seres amados o, como solemos decir los latinos, “la mayoría de los nuestros”.
Aunque, en rigor, nuestros seres amados no son “nuestros”, sino simplemente seres amados que llevamos en nuestros corazones, es lindo estar cerca de ellos. Y, aunque la tecnología actualmente permite conversar como si estuviéramos al lado, nada remplaza los abrazos y los besos que nos damos.
¿Tristeza? Sí. ¿Alegría? También. Pero, sobre todo, una intensa felicidad como estado interior del espíritu por haber vivido intensos días de relaciones felices y en familia, con algunos “de los nuestros”.