18/03/2026
Hace poco, en sesión, una consultante me dijo algo que me quedó dando vueltas.
Estábamos hablando de su proceso y le comenté que evaluara si quería seguir dándole contenido… porque esto también depende de sus ganas de continuar...
Y me respondió algo muy simple, pero muy profundo:
Que quería seguir.
Que le hacía bien.
Que lo necesitaba.
Que necesitaba un espacio donde poder hablar,
ser escuchada… sin ser juzgada.
Y ahí fue como… wow. Sipo!
Porque, aunque sabemos que vivimos en una sociedad donde se juzga fácilmente,
no siempre dimensionamos cuánto impacto tiene eso.
Juzgamos desde nuestros propios criterios,
desde nuestras experiencias,
desde nuestros valores.
Pero al hacerlo…
muchas veces generamos distancia.
Y sin darnos cuenta,
dificultamos que otros vivan sus procesos
de manera plena.
Se vuelve tenso.
Angustiante.
E innecesario.
Incluso con personas que queremos.
Entonces me quedé pensando…
¿Cómo construimos espacios
donde no tengamos que defendernos?
¿Cómo aprendemos a acompañar
sin juzgar?