22/06/2026
Vale la pena preguntarnos qué es lo que realmente les estamos enseñando a nuestros hijos.
¿Les estamos enseñando a pensar, a analizar, a leer y a tomar decisiones responsables? ¿O les estamos enseñando a reaccionar impulsivamente, a decidir desde la emoción del momento y a seguir la ley del menor esfuerzo?
Los hijos aprenden observando. Observan cómo hablamos, cómo resolvemos los conflictos, cómo tratamos a quienes piensan diferente y cómo reaccionamos cuando las cosas no salen como queremos. Si respondemos con rabia, aprenderán rabia. Si respondemos con burlas y descalificaciones, aprenderán que esa es una forma válida de relacionarse con los demás.
También aprenden cuando normalizamos el exceso de pantallas, cuando actuamos sin pensar, cuando permitimos que la ira gobierne nuestras palabras.
Después nos preguntamos por qué algunos niños tienen dificultades para controlar sus impulsos, tolerar la frustración o construir relaciones sanas. Sin embargo, gran parte de lo que observamos en ellos ha sido modelado por el ambiente en el que crecen.
Las elecciones, las discusiones políticas y los momentos de polarización no crean nuestro carácter; lo revelan. Nos muestran quiénes somos cuando ganamos y quiénes somos cuando perdemos.
Porque hay personas que no saben perder, pero también hay personas que no saben ganar.
Y tal vez la pregunta más importante no sea quién obtuvo la victoria, sino qué estamos enseñando cada día con nuestro propio comportamiento.
Nuestros hijos escuchan lo que decimos, pero aprenden principalmente de lo que hacemos.
M.V.