16/06/2026
La historia de la tomografía computarizada es una extraordinaria convergencia entre matemáticas, ingeniería, medicina e incluso música.
En 1917, el matemático austríaco Johann Radon desarrolló las bases matemáticas que demostraban cómo reconstruir una imagen bidimensional a partir de sus proyecciones. Décadas más tarde, el físico sudafricano Allan Cormack transformó de manera independiente esos principios en algoritmos aplicables a los rayos X, sentando los fundamentos teóricos de la reconstrucción tomográfica.
A finales de los años sesenta, la compañía EMI, impulsada en esa época por el enorme éxito comercial de los Beatles, mantenía un área de investigación tecnológica avanzada. Allí, el ingeniero británico Godfrey Hounsfield convirtió aquellas ideas matemáticas en realidad y construyó el primer tomógrafo computarizado funcional.
Por primera vez en la historia fue posible observar el interior del cuerpo humano en cortes anatómicos detallados, revolucionando el diagnóstico médico y transformando para siempre la neurología, la oncología, la traumatología y prácticamente todas las áreas de la medicina.
Por este aporte trascendental a la humanidad, Hounsfield y Cormack recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1979. Sin embargo, detrás de aquel reconocimiento también permanece el legado de Johann Radon, cuyas ecuaciones hicieron posible que hoy podamos ver lo invisible.
La tomografía no nació en un hospital. Nació de una idea matemática, del ingenio de un ingeniero y de una inversión en innovación que terminó salvando millones de vidas.