18/07/2026
¿ Dr pero esque no entiendo que conexión puede haber entre reflujo, gastritis, unas zonas dentales enfermas y dos abortos, no tiene sentido?
¡Ya ven porque les digo que volteen a ver la boca y las cicatrices!
Cuando esta paciente de 64 años llegó a consulta, esa era la historia que traía consigo.
Durante más de cinco años sufrió reflujo gastroesofágico, dolor en la boca del estómago y distensión abdominal. Además, en su historia clínica destacaban dos abortos espontáneos, un antecedente que nos hizo ampliar la valoración más allá del aparato digestivo.
El ultrasonido abdominal reportó hígado, vesícula, páncreas, bazo y riñones sin alteraciones importantes.
La endoscopia encontró:
-Gastropatía erosiva.
-Línea Z irregular.
-Mucosa duodenal blanquecina.
-Y un hallazgo muy importante: compresión extrínseca del antro gástrico, motivo por el cual el gastroenterólogo recomendó complementar el estudio con imagen.
Hasta ese momento parecía un problema exclusivamente digestivo.
Pero decidimos hacer algo diferente…
Voltear a ver la boca.
En la panorámica encontramos alteraciones precisamente en la región de los dientes 2.6 y 2.7 (primer y segundo molar superior izquierdo).
¿Por qué llamó tanto nuestra atención esa zona?
Porque en uno de los mapas más utilizados en odontología neurofocal, los dientes 2.6 y 2.7 mantienen una relación segmentaria con el estómago y el bazo. Además, en esa región observamos imágenes compatibles con un posible proceso inflamatorio óseo crónico que ameritaba una valoración odontológica especializada.
Pero la historia no terminaba ahí.
También decidimos infiltrar el segmento suprapúbico.
¿La razón?
Porque desde el punto de vista anatómico, el útero recibe su inervación autónoma principalmente a través del plexo hipogástrico inferior, el cual forma parte de una compleja red neurovegetativa pélvica con conexiones hacia otros plexos abdominales. En el enfoque de la terapia neural, se plantea la hipótesis de que alteraciones persistentes en esta región podrían influir, por mecanismos reflejos del sistema nervioso autónomo, en la regulación de distintos órganos, incluido el aparato digestivo. Esta interpretación corresponde al marco conceptual de la terapia neural y no constituye un mecanismo demostrado para todos los pacientes.
Con esa integración realizamos terapia neural en:
• Los posibles campos interferentes de los dientes 2.6 y 2.7.
• Segmento suprapúbico, considerando sus conexiones neurovegetativas.
• Cicatriz antigua de la mano derecha.
• Segmentos relacionados con estómago, bazo, páncreas, colon y pulmón.
¿El resultado?
La paciente presentó una mejoría importante del reflujo y del dolor epigástrico. Permaneció así durante aproximadamente cuatro meses.
Ahora regresó únicamente por un ligero dolor epigástrico, mucho menor que el inicial, por lo que realizamos una segunda sesión de terapia neural.
Este caso no pretende demostrar que todos los reflujos tengan origen dental ni que los antecedentes ginecológicos expliquen los síntomas digestivos.
Pero sí nos invita a reflexionar sobre algo fundamental:
El cuerpo no funciona por órganos aislados; funciona como una red integrada por el sistema nervioso, el sistema inmunológico y múltiples mecanismos de regulación.
Por eso, cuando un problema se vuelve crónico y las respuestas no aparecen, vale la pena preguntarnos:
¿Estamos viendo únicamente el órgano que duele… o estamos viendo al paciente en toda su complejidad?
Por eso siempre les digo: volteen a ver los dientes. Y no olviden que, en terapia neural, también es importante valorar cicatrices, pelvis y otros posibles campos interferentes dentro de un abordaje integral.