29/03/2026
👉 Biblia
Libro: Hechos
Capítulo: 20
Versículo: 35
📖 Dice así:
“Más bienaventurado es dar que recibir.”
(Esta frase es atribuida a Jesucristo, citada por el apóstol Pablo).
El amor no es lo que recibo… es lo que desarrollo en mí.
Nos enseñaron a buscar una pareja que “sume”, que llene vacíos, que cubra necesidades.
Pero pocas veces nos enseñaron que el amor es, ante todo, un arte.
Un arte que se practica.
Muchos dicen:
“No tengo tiempo para una relación”
“No aparece la persona indicada”
“¿Para qué tener pareja si yo puedo darme todo?”
Pero… ¿y si la pregunta correcta fuera otra?
¿Para qué quiero una relación?
Tal vez no sea para recibir más,
sino para convertirme en alguien capaz de amar mejor.
El amor no inicia desde la carencia,
sino desde la abundancia.
No desde lo que necesito que el otro me dé,
sino desde lo que soy capaz de crear en el otro.
Amar es cuidar.
Amar es responsabilizarse.
Amar es respetar la individualidad del otro.
Amar es conocer, sin distorsiones ni expectativas irreales.
Amar es dar…
pero no desde el sacrificio, sino desde el desborde.
Desde esa sensación profunda de:
“tengo tanto dentro de mí, que puedo compartirlo”.
El amor requiere disciplina, paciencia y conciencia.
Requiere mirar al otro como es, y no como necesito que sea.
Requiere humildad para dejar de imponer y empezar a comprender.
Y sobre todo, requiere fe.
Fe para entregarse sin garantías.
Fe para aceptar que amar no siempre significa quedarse.
Fe para entender que incluso la desilusión forma parte del crecimiento.
Porque amar también es tener el coraje de reconocer
cuando dos caminos ya no avanzan en la misma dirección.
Al final, el amor se convierte en un acto sublime…
donde la mayor felicidad no está en recibir,
sino en la capacidad de dar.
Y en ese proceso, descubrir quién soy
cuando realmente amo.
Por : Bertha Marina Procel .
Escuela Holistica Harmony.