07/02/2026
Del amor y otras palabras deformadas
A propósito del Día del Amor y la Amistad, decidí dedicar este mes a ofrecer una charla gratuita sobre el amor.
Esa palabra tan cortita y, sin embargo, tan poco comprendida.
Llevo 24 años dando terapia y una de las principales razones por las que las personas llegan a mi consulta es el amor: el amor romántico, el amor de pareja, ese que ya no funciona, el que ha dado de baja al compromiso; el mismo del que deriva el amor familiar y, por tanto, el amor al prójimo.
Si el amor en la pareja no funciona, el resto tampoco.
Empecemos por el principio: ¿cuál es la principal razón por la que la gente busca pareja? Para ser amada. Se busca fuera algo que falta dentro. Sin embargo, la verdadera razón debería ser amar. Y este cambio en el orden de los factores lo altera todo.
Porque si las personas tienen hijos para que los amen, no hay amor: hay necesidad, y por tanto carencia.
No podemos dar lo que no tenemos. Y aun así, nos cuesta comprender que esta expectativa nos ata a la falta de amor, en un círculo interminable que contamina generaciones.
Acercarme a otro para pedirle que llene algo que yo no puedo, lo condena a sostenerme, violando el principio básico del amor: la libertad.
Cada vez que responsabilizo a otro de mi alegría, lo condeno a sostener ese estado por encima de sí mismo, olvidándose de su ser, de su esencia.
Esto no ocurre solo en las parejas. Lo vemos en padres con hijos, en hijos con padres, en amistades y en relaciones laborales: personas que exigen ser amadas y son incapaces de dar algo a cambio.
La madre o el padre que dice: “No puedes salir hoy porque me pones intranquilo/a” no se preocupa por cómo se siente el hijo; le preocupa su propia incomodidad.
Y quizá —solo quizá— si puede verbalizarlo, aceptando su oscuridad, el otro podrá acompañarle en la medida en que su propia oscuridad se lo permita. Es ahí donde surge el amor verdadero.
Como por arte de magia, cuando se nombra, el terror se aquieta. Y sin violentar los espacios ajenos, todo empieza a acomodarse.
Ese amor donde puedo aceptar un “no” como respuesta, donde puedo honrar el destino del otro sabiendo que no puedo interferir; donde comprendo que reprimir no es cuidar.
Desde esa misma infección egoísta que aparece en la familia, se contagian las parejas y seguimos la vida en una espiral de herencias distorsionadas de lo que verdaderamente es el amor. ❤️
Ojalá, con paciencia y entendimiento de nuestro ego y de nuestra oscuridad, podamos mirar de frente lo que el amor realmente es.
Cuánta falta le hace al mundo recuperar ese saber natural, perdido entre la vanidad y la idealización.
Que el amor que respeta el destino ajeno se haga presente desde la sabiduría del corazón.
Que el sentido común vuelva a ser el más común de los sentidos.
Que la fuerza de la vida gane terreno.
Que el amor nos conecte con la vida.
Un abrazo en luz,
Heyliette, hija del León y la Rosa 🦁🌹