Naikan Zen

Naikan Zen Práctica basada en el Zaike Zen (Zen laico de línea Rinzai)

02/06/2026

En el último Zazenkai, hablé de la importancia de no idealizar o divinizar a lxs maestrxs, que no somos sino personas normales y corrientes que:
- Hemos recorrido un camino que otrx(s) maestrx(s) ha(n) acreditado, se supone que de manera responsable.- Tenemos vocación, experiencia y capacidad de acompañamiento, también acreditadas, se supone que de manera responsable.- Mantenemos una ética en esa labor, también acreditada, se supone que de manera responsable.- Consideramos la labor de acompañamiento como la forma de seguir nuestro camino de aprendizaje.- No consideramos que ese aprendizaje tenga mucho sentido si no es compartido.- Tratamos de mantener la "mente de principiante" para afrontar el acompañamiento (y la vida) con humildad y que la verdadera relación de acompañamiento surja de la mano del Camino, atravesando, enseñando y guiando a la persona acompañante y a la persona acompañada. - Sabemos que cuando eso es así, no hay diferencia entre ambas personas, difuminándose el quién acompaña a quien.- No hay por tanto ningún mérito personal, solo un ponerse al servicio del Camino, simple y llanamente porque ya no hay un lugar al que puedas regresar.

Y dicho esto, es importante insistir en la normalidad. Un maestro, una maestra, no somos perfectxs, sino personas normales, una especie de "hermanxs mayores", que hemos recorrido algo más de camino y podemos ayudar a quienes han recorrido menos, pero a quienes aún nos queda mucho por vivir y aprender. Tenemos nuestra sombra, nuestros defectos, nuestros patrones psicológicos y emocionales, como todo el mundo. A veces, tenemos reacciones cuestionables. Simplemente, hemos trabajado mucho en ello, y nos manipulan menos que a otras personas que no han hecho ese trabajo, pero eso dista mucho de la perfección.

Hay varios motivos para esto. El primero es que la perfección no existe. O mejor dicho, que la perfección acoge todas las imperfecciones, cuando la intención es honesta.

Otro motivo es que nuestras imperfecciones son nuestras maestras: ser conscientes de ellas nos ayuda a seguir adelante con humildad y a no caer en la soberbia espiritual (o al menos, no excesivamente, tampoco en eso somos perfectxs). Ser conscientes de que la Iluminación (signifique lo que signifique eso) es el estado natural de todo ser viviente nos ayuda a no creernos por encima de nadie, y a cortar todo tipo de asomo de veneración o dependencia, suavemente, pero con claridad.

Las personas que se presentan a sí mismas como "iluminadas" tienen más probabilidad de ser un peligro que una ayuda. Quien favorezca la "minoría de edad espiritual" de las personas a las que acompaña, tiene aún un aprendizaje fundamental por llevar a cabo.

A la relación de acompañamiento acuden personas a veces muy heridas, que se abren a alguien que consideran de confianza y quedan vulnerables en esa relación. A veces, quienes acompañamos no somos capaces de hacerlo adecuadamente por falta de madurez o formación. Y no siempre es fácil darse cuenta.

Y, aviso a navegantes..., otras veces, esas personas son víctimas de supuestxs maestrxs -a menudo, se han autodenominado así pero no han pasado por el filtro de alguien acreditado- que utilizan su inteligencia y su carisma para establecer dinámicas tóxicas o manipuladoras, cuando no depredadoras. Si olfateas algo de esto... sal de ahí.

En palabras de mi maestro Pedro Vidal: "el maestro, cuanto más feo y tonto, mejor, así no te enamoras de él y puedes aprender de verdad".

Una parte importante del trabajo personal es conocer bien tus sombras, para que no manipulen tus pensamientos, palabras y acciones y, como decía, no siempre es fácil.

Otro motivo para que seamos imperfectxs es que, si no lo fuéramos, no podríamos ponernos en los zapatos de las personas que se nos acercan buscando esa relación de acompañamiento. Desde el razonamiento, tener muchos defectos y que te pasen desgracias, es malo. Pero desde el discernimiento y la compasión, podemos descubrir que eso nos habilita para poder comprender por lo que están pasando las otras personas y ayudarlas en su caminar, no desde la teoría, sino desde la experiencia de haberlo vivido en carne propia.

Al fin y al cabo, el Zen no te vuelve especial, sino profundamente normal. Podría decirse que te vuelve cada vez más tontx, porque a medida que cultivas esa confianza profunda en "quitarte de en medio" para que se manifiesten la Sabiduría y la Compasión del Camino, tu inteligencia personal tiene cada vez menos que decir. Y, paradójicamente, cuanto menos ejerces de "ti mismx", más libre eres.

P.G.

En el 635 dc, un grupo de monjes cristianos procedentes de Persia, en una misión liderada por el obispo Aluoben, llegó a...
16/05/2026

En el 635 dc, un grupo de monjes cristianos procedentes de Persia, en una misión liderada por el obispo Aluoben, llegó a la China de la dinastía Tang.

Al llegar a la ciudad de Chang-an (actual Xian), fueron recibidos por el emperador Taizong, quien les dio la bienvenida y les manifestó el placer que le producía su llegada redactando un edicto imperial:

“El Camino no tiene un nombre preciso, y lo sagrado carece de una forma precisa. Proclamad las enseñanzas por doquier para la salvación de las gentes. Aluoben, hombre de gran virtud del imperio de Da Qin (Occidente), vino desde una tierra lejana y llegó a la capital para presentar las enseñanzas y las imágenes de su religión. Su mensaje es misterioso y maravilloso, más allá de toda comprensión. Sus enseñanzas nos hablan del origen de las cosas y de cómo fueron creadas y nutridas. El mensaje es lúcido y claro; las enseñanzas beneficiarán a todos, y serán practicadas en todo el reino (3:8-13)”.

Las enseñanzas cristianas aportadas por Aluoben sirvieron para establecer en China lo que llegaría a ser una de las Iglesias más radicales y experimentales que hayan existido jamás: el encuentro del cristianismo primitivo y el taoísmo, con una visión que integraba los conceptos de Dios y el Tao.

Los chinos dieron a la nueva fe el nombre de “La religión de la Iluminación que viene de Occidente”.

Martin Palmer
“Los Sutras de Jesús“

Satori, el Despertar a la Vida es, en cierta manera, volver a ser niñx.Cuando, siendo adultx, miras con ojos de niñx, qu...
20/04/2026

Satori, el Despertar a la Vida es, en cierta manera, volver a ser niñx.

Cuando, siendo adultx, miras con ojos de niñx, quien no puede mirar así considera que eres id**ta, o que te falta un hervor. A lo sumo, si te tiene aprecio, te mirará con indulgencia o preocupación.

En su mundo gris (mundo "chato", en palabras de Wilber), no es posible percibir la realidad "tal y como es, tal y como está" (Dôgen, Genjo Kôan).

Si practicas meditación para convertirte en alguien especial, no habrás entendido nada. Tu desarrollo espiritual se detendrá. Si te dedicas a hablar de meditación o incluso a enseñarla, estarás además haciendo que el desarrollo de quien te escuche también se detenga. Considerar la iluminación como un logro personal es la mejor fórmula para crear una secta.

La verdadera iluminación, volver a mirar con ojos asombrados y abiertos de par en par, como si volvieras a ser niñx, no es una involución. Pero se lo parecerá a quien vea el mundo desde el velo gris de la mente conceptual.

Si practicas con seriedad y dedicación, durante los años suficientes, el Zen te volverá id**ta a los ojos de mucha gente, asúmelo.

Mirarás como el niño del cuento y podrás darte cuenta de que el rey está desnudo. ¡Qué idiotez!

UN RAYO DE ESPERANZAPero no, no el que piensa D.T. que él representa.Hay algo que nos enseña la práctica Zen:El "makyô",...
13/04/2026

UN RAYO DE ESPERANZA

Pero no, no el que piensa D.T. que él representa.

Hay algo que nos enseña la práctica Zen:

El "makyô", el "engaño", es la fuerza del ego que se pone en funcionamiento cuando das pasos hacia el despertar a la Verdad. Ésta es la base del "combate espiritual". La Fuerza de la Fuente Original (Bodaishin) se manifiesta en la persona y la empuja a caminar hacia el descubrimiento de su verdadera naturaleza. Y eso despierta una reacción, la fuerza del ego, que trata de sabotear ese camino.

Esa fuerza de reacción se manifiesta de diferentes formas, algunas más sutiles, otras más groseras. En el Cristianismo, son las diferentes caras del demonio. En el Budismo recibe el nombre de Mara y en el Hinduismo, Apasmara. En las religiones se advierte de que uno de los entretenimientos favoritos del demonio es disfrazarse de Dios, lo que en la práctica meditativa suele manifestarse en la soberbia espiritual y, en la cotidianeidad que nos toca vivir... a la imagen me remito, por no mencionar las arengas de Netanyahu sobre el "ejército más moral del mundo" y las de los Ayatollah.

La práctica Zen nos enseña que el makyô, el engaño, debe ser atravesado. El combate espiritual -término que a algunas personas no gusta demasiado por una comprensión insuficiente de lo que significa- es en realidad una expresión de no violencia. Apunta a la firme determinación de no dejarse vencer por los engaños (tentaciones, en lenguaje religioso) y de seguir adelante en la práctica, pase lo que pase.

También nos enseña que -si nuestra práctica está bien orientada y es sistemática- nuestra conciencia se va estabilizando y se van cultivando en nosotrxs el discernimiento y la compasión que nos permiten ir abordando la práctica -y la vida- desde otro lugar, con una mirada más amplia.

Cuando esto ocurre, los engaños van perdiendo la capacidad de secuestrar nuestra atención y confianza, y se va dando una progresiva desidentificación con el ego, que nos permite observarlo con creciente ecuanimidad. Es entonces cuando el mecanismo del engaño, despojado de su capacidad de manipulación, queda al descubierto. Y, al ser observado por la conciencia desapegada, el makyô se convierte en tu maestro.

El engaño es, por tanto, parte fundamental de la práctica. De hecho, el equivalente cristiano a makyô es "pecado", que deriva del término griego "hamartia", es decir "errar el tiro". Ese errar el tiro es la base de la práctica que nos permitirá afinar la puntería necesaria para desenvolvernos en la vida desde otro Lugar y otra Mirada.

Dicho en castizo, cuando el engaño asoma la nariz -si retiras de él tu confianza y lo observas con ecuanimidad- termina por quedar con el trasero al descubierto.

Y lo que ocurre con el ego individual y sus engaños, ocurre también con el ego colectivo y sus engaños colectivos.

El resurgimiento del populismo egótico (América first, España para los españoles, etc.), aunque implique un engaño con gran carga perturbadora, tiene al fin y a la postre un aspecto positivo, el de mostrar a plena luz del día lo que estaba oculto en el inconsciente colectivo, y las devastadoras consecuencias de poner nuestra confianza en esos impulsos egoístas sostenidos en la visceralidad y la proyección inconsciente de nuestros miedos interiores.

Es incómodo, sí. Se produce con violencia que causa sufrimiento, sí. Pero visto con mirada amplia, es la crisis de una forma de estar en el mundo que se tambalea y resquebraja, y que trata de morir matando. Y esa crisis es a veces necesaria para ayudarnos a caer colectivamente en la cuenta.

A quienes no soportamos en propia carne (o al menos no en toda su crudeza) toda esa violencia y sufrimiento, nos está tocando ser testigos de la locura que se está desatando.

Si -a pesar de la enorme dureza de los acontecimientos- mantenemos la ecuanimidad y la confianza en el proceso de aprendizaje que acarrea, habrá un rayo de esperanza en el núcleo de toda esta sinrazón. Y de la crisis, surgirá el cambio.

Un año ya, masdesde otra orillasopla la brisa
10/04/2026

Un año ya, mas
desde otra orilla
sopla la brisa

Háblame del Zen, sin nombrar el Zen...
10/09/2025

Háblame del Zen, sin nombrar el Zen...

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