03/05/2026
Sobre amor y goce
Cuando Lacan afirma que “sólo el amor permite al goce condescender al deseo”, no está idealizando el amor, sino señalando su carácter de artificio. El amor introduce una mediación simbólica que hace posible que algo del goce —de por sí opaco e ilimitado— se articule con la lógica del deseo.
Amar en el discurso de Lacan implica suponer en el Otro algo que no tiene: dar lo que no se tiene. Esta fórmula, central en Lacan, muestra que el amor opera en el registro de la falta, no de la plenitud. En ese movimiento, el goce es “domesticado”, no eliminado: encuentra una vía de inscripción que lo vuelve soportable para el sujeto.
Sin esta mediación, el goce permanece del lado de lo real, como exceso o como intrusión. Con esta mediación, en cambio, puede “descender” al campo del deseo, es decir, entrar en una economía donde la falta, la distancia y la palabra organizan la experiencia.
Sin embargo, esta operación no resuelve la no-relación sexual. El amor no suprime la imposibilidad estructural, sino que la recubre, la bordea, la hace habitable. En este sentido, el amor es a la vez necesario e ilusorio: necesario como mediación, ilusorio como promesa de unidad.
Así, la frase de Lacan condensa una tensión fundamental: el amor no une plenamente deseo y goce, pero permite su articulación precaria. No hay síntesis, sino un arreglo contingente que sostiene al sujeto frente a lo imposible. Quien le entienda >OLF/o26