05/06/2026
La neurociencia de la calma
A finales del siglo XIX, Erik Satie se alejó de las grandes composiciones dramáticas de su época para crear una música diferente: sencilla, serena y contemplativa.
Su célebre Gymnopédie nº 1 continúa fascinando más de un siglo después por su capacidad para inducir estados de tranquilidad y recogimiento.
Cuando escuchamos música lenta y armoniosa, nuestro sistema nervioso puede responder reduciendo la activación asociada al estrés. La respiración se vuelve más pausada, el ritmo cardíaco tiende a estabilizarse y la mente encuentra un espacio de descanso.
Es como si el cerebro recibiera una señal silenciosa de seguridad:
todo está bien, puedes relajarte.
Quizá por eso algunas melodías no solo se escuchan.
También se sienten.