26/08/2026
La melancolía del final del verano es real y muchas personas la viven con culpa.
“Si tengo trabajo, si tengo salud, si he podido descansar… ¿qué derecho tengo a estar triste?”
Todos los derechos. Las emociones no necesitan justificarse para existir y que algo termine puede removerte aunque haya sido bonito, que vuelva la rutina puede darte vértigo, que septiembre se acerque puede activar exigencias, miedos o decisiones pendientes. El truco no es negarlo, es escucharlo.
Quizá la pregunta no sea “¿cómo evito sentir esto?”, sino: ¿qué parte del verano no quiero perder cuando vuelva mi vida de siempre?