28/08/2026
Un informe de AESAN sobre menopausia ha utilizado datos procedentes de estudios realizados exclusivamente en hombres. Esta noticia pone el foco en una realidad:
Esto es lo que ocurre cuando el cuerpo femenino deja de estar en el centro de la pregunta y sus particularidades se resuelven después, a partir de evidencia que no fue construida específicamente para ellas.
Necesitamos evidencia capaz de hablar de nuestro cuerpo y de las diferentes etapas de nuestra vida, incluida la transición menopáusica.
Necesitamos datos que permitan comprender esas experiencias desde su propia realidad biológica y construir recomendaciones pertinentes.
Porque cuando la evidencia es insuficiente, poco representativa o se extrapola sin valorar sus límites, la incertidumbre termina trasladándose a las mujeres.
Si el conocimiento con el que lo interpretamos es incompleto, la pregunta puede terminar dirigiéndose hacia la mujer en lugar de hacia la propia evidencia.
Quizá deberíamos preguntarnos primero:
¿Qué sabemos realmente y sobre quién se construyó ese conocimiento?
Porque el sesgo aparece mucho antes de que una recomendación llegue a una consulta.
El sesgo también puede estar en la propia investigación.
En qué preguntas se formulan.
En qué realidades se investigan.
En qué datos se generan.
En cómo se analizan.
Y en hasta dónde pueden aplicarse sus conclusiones.
Ese es el lugar que tenemos que transformar.
Las mujeres en el centro de las preguntas.
Las mujeres en el centro de la evidencia.
Las mujeres en el centro del conocimiento sobre su propia salud.
Porque el lugar que nos corresponde es el centro de la pregunta.