19/09/2026
Nadie sospecha de una mujer que trabaja de más.
Por eso es el escondite perfecto: te aplauden mientras te estás cayendo por dentro.
1️⃣ Aceptas el proyecto que no necesitas. Nadie te va a cuestionar por decir que sí.
2️⃣ Agendas la última junta a las siete. Con tal de no llegar temprano a una casa en silencio.
3️⃣ Contestas correos en la cama. Así te duermes cansada y no pensando.
4️⃣ Le pones pendientes al sábado. Porque el domingo en la tarde es el día más peligroso.
5️⃣ Te dicen “no sé cómo le haces” y lo recibes como halago. Es el disfraz más elegante que existe.
No eres adicta al trabajo. Estás anestesiada.
El trabajo es hielo sobre un golpe: mientras lo tienes encima no duele, pero el moretón sigue ahí, del mismo color. Por eso el dolor no llega cuando estás ocupada. Llega cuando te detienes. Y no es que te esté yendo mal: es que dejó de haber ruido.
Si estás leyendo esto con la computadora todavía abierta, ya sabes de qué estoy hablando. Escríbelo aquí abajo, aunque sea una palabra.
Y si te acordaste de alguien que “no sabe parar”, mándaselo. A veces uno se da cuenta cuando lo ve escrito en otra parte.