01/08/2026
Cuando no tenía nada, alguien confió en mí.
Cuando tuve frío, desde Tampico llegó una maleta con cobijas y ropa para mis hijos. No era solamente ayuda: era amor atravesando la distancia para abrazarnos cuando más lo necesitábamos .
Hay amigas que, con los años, se convierten en hermanas. Lizy Rojano es una de ellas.
Siempre viví lejos de Chihuahua y, a veces, me duele el corazón por tener tan lejos a personas que amo tanto. Pero cuando nos reencontramos, comprendo que hay vínculos que ni el tiempo ni la distancia pueden romper.
Hoy llevé a Lizy a conocer mi casa y me sentí como una niña pequeña mostrándole todo lo que había logrado. Ella conoció aquella etapa en la que vivía en un cuarto con mis dos hijos, cuando tener una mesa, un baño y un poco de calor ya era una bendición.
Y también fue ella quien, cuando yo dudaba de mí, me repetía:
“Eres muy buena. Confía en ti”.
Hoy pudo ver con sus propios ojos cuánto he avanzado. Y yo pude mirar mi historia a través de su mirada: no con tristeza, sino con orgullo, gratitud y amor.
Lizy siempre ha sido esa amiga que impulsa, que celebra sin competir, que acompaña sin envidia y que cree en ti incluso cuando tú todavía no sabes cómo creer en ti misma.
Gracias por haber confiado en mí cuando yo no tenía nada, salvo sueños, miedo y dos hijos tomados de mi mano.
Hay personas que llegan a tu vida para recordarte quién eres.
Tú, Lizy, no eres solamente mi amiga.
Eres mi hermana.