10/08/2026
¿Cuántas veces has desbloqueado el teléfono sin saber exactamente para qué? Abres una aplicación, revisas algo, ves una publicación y sigues deslizando. Después aparece otra, luego otra más. En algún momento ya no recuerdas qué ibas a buscar, pero tampoco cierras la aplicación.
Por Redacción Nota Antropológica
Quizá abrimos Instagram para responder un mensaje. Después aparece una publicación, luego un video y después un carrusel de fotografías. Cuando queremos darnos cuenta cuánto tiempo ha pasado, llevamos varios minutos viendo contenidos que ni siquiera habíamos decidido buscar.
Entonces si ya no estamos buscando nada, ¿qué estamos haciendo ahí?
La respuesta no está solamente en el contenido que aparece en la pantalla. También tiene relación con nuestra manera de utilizar el tiempo, relacionarnos con otras personas, manejar el aburrimiento y permanecer conectados con lo que sucede alrededor.
Durante mucho tiempo, la mayoría de nosotros nos vimos en la necesidad de usar internet siempre y cuando implicara tener algún objetivo. Había que escribir una palabra en un buscador, elegir un resultado, entrar a una página y continuar la búsqueda hasta encontrar aquello que necesitábamos.
Pero cuando llegaron las redes sociales cambiaron buena parte de esa dinámica.
Ahora podemos abrir una aplicación sin saber exactamente qué queremos encontrar. El contenido aparece antes de que formulemos una pregunta. Deslizamos hacia arriba, aparece algo nuevo y volvemos a hacerlo. Después aparece otra publicación que quizá nos interese.
Ese «quizá» resulta importante.
No sabemos qué aparecerá después. Precisamente por eso seguimos deslizando.
Un trabajo de Dolores Guadalupe Sosa Zúñiga y Marta Carrión Sánchez sobre la economía de la atención analizó los patrones de consumo de contenidos digitales entre población universitaria. En su investigación pudieron observar cómo las plataformas digitales buscan mantener la atención durante el mayor tiempo posible mediante sistemas de personalización y selección de contenidos.
En términos sencillos, la plataforma aprende de lo que hacemos mientras la utilizamos. Registra aquello que vemos durante más tiempo, lo que ignoramos, los contenidos con los que interactuamos y los momentos en los que detenemos el desplazamiento.
Cada movimiento proporciona información.
Esto significa que, mientras nosotros dejamos de tener una intención definida, el sistema continúa trabajando con nuestras conductas anteriores para seleccionar aquello que podría mantenernos dentro de la aplicación.
La situación resulta curiosa porque podemos llegar a un punto en el que ya no sabemos qué estamos buscando, mientras la plataforma continúa ofreciéndonos cosas que podrían interesarnos.
Algo más...
No siempre deslizamos porque encontremos algo que nos interese. Muchas veces deslizamos porque esperamos que aparezca algo que nos interese.
La diferencia parece pequeña, aunque cambia completamente la experiencia.
Si entramos a internet para saber quién ganó un partido, existe un momento en el que encontramos la respuesta y podemos salir. Si buscamos una dirección, existe un momento en el que dejamos de buscar. Si queremos responder un mensaje, existe un momento en el que terminamos.
El desplazamiento continuo funciona de otra manera porque no tiene un punto de llegada establecido.
Siempre puede aparecer otra publicación.
Siempre puede aparecer otro video.
Siempre puede aparecer algo que nos sorprenda, nos informe, nos haga reír o simplemente nos resulte suficientemente interesante para permanecer unos segundos más.
Adam Alter, investigador y autor de Irresistible, analizó precisamente la manera en que determinados productos digitales incorporan mecanismos capaces de prolongar nuestra permanencia. Entre esos mecanismos aparece una lógica sencilla, aunque efectiva. La siguiente interacción puede ofrecer algo distinto a la anterior.
Por eso seguimos deslizando incluso después de haber visto contenidos que ya no nos interesan.
Todavía queda la posibilidad de que el siguiente sea diferente.
La antropología permite llevar esta discusión hacia otro lugar. Daniel Miller, antropólogo especializado en cultura digital, coordinó el proyecto Why We Post, una investigación etnográfica realizada en comunidades de distintos países para estudiar cómo las personas incorporan las redes sociales a su vida cotidiana.
Su trabajo resulta importante porque permite evitar una explicación demasiado sencilla. Las redes sociales no tienen exactamente el mismo significado para todas las personas. Cada usuario las incorpora a sus relaciones, sus rutinas, sus preocupaciones y sus formas de administrar el tiempo.
En algunos momentos utilizamos el teléfono para informarnos. En otros, para conversar. También podemos utilizarlo mientras esperamos a alguien, durante un trayecto, antes de dormir o cuando tenemos unos minutos disponibles.
Aqui estamos ya frente a otra parte del problema.
¿Qué hacíamos antes con esos minutos?
Esperábamos.
Nos aburríamos.
Observábamos lo que ocurría alrededor.
Hablábamos con alguien.
Simplemente permanecíamos sin realizar una actividad determinada.
Ahora existe una posibilidad inmediata para ocupar prácticamente cualquier intervalo.
Jonathan Crary analiza esta transformación en 24/7. El capitalismo al asalto del sueño y nos entender cómo la organización contemporánea del tiempo reduce los momentos en los que dejamos de consumir, producir o permanecer disponibles.
El teléfono encaja perfectamente en esa dinámica, ya que cada espera puede convertirse en unos minutos de consumo de contenido. Cada pausa puede llenarse. Cada momento sin una actividad definida puede recibir algún estímulo.
No necesitamos estar buscando algo para utilizar el teléfono.
A veces solamente necesitamos hacer algo mientras esperamos.
El sociólogo Pierre Bourdieu formuló un concepto puede sonar complicado, aunque su funcionamiento resulta bastante cotidiano: habitus. Se refiere a disposiciones que incorporamos mediante nuestra experiencia hasta el punto de realizar determinadas prácticas sin tener que decidir conscientemente cada vez que las hacemos.
Tomar el teléfono cuando aparece un momento de espera puede convertirse en una de esas prácticas.
Esperamos el transporte y deslizamos.
Terminamos una tarea y deslizamos.
Nos acostamos y deslizamos.
Nos despertamos y revisamos la pantalla.
En algún momento, la acción deja de depender de una pregunta concreta.
No pensamos necesariamente «quiero buscar algo». Simplemente comenzamos a deslizar.
Otro sociólogo contemporáneo fue Michel de Certeau y creo que es un autor que siempre se debe de leer al lado de Bourdieu. En La invención de lo cotidiano, estudió precisamente la manera en que las personas incorporan objetos, espacios y sistemas a sus prácticas ordinarias. Desde su punto de vista, utilizar una plataforma no consiste solamente en seguir las instrucciones de quienes la diseñaron. Las personas también incorporan esos espacios digitales a sus propias rutinas.
Por eso el desplazamiento puede cumplir funciones distintas.
Puede ocupar una espera.
Puede acompañar un momento de soledad.
Puede permitirnos saber qué están haciendo otras personas.
Puede servir para evitar el aburrimiento.
Puede ofrecer una pausa entre dos actividades.
También puede mantenernos pendientes de aquello que sucede dentro de nuestro entorno social.
Hay otro sociólogo que se llamó Erving Goffman que estudió la manera en que las personas administran sus relaciones e impresiones durante la interacción social. Las redes sociales agregaron una posibilidad que hace unas décadas no estaba disponible de la misma manera. Podemos observar constantemente fragmentos de la vida de otras personas sin necesidad de mantener una conversación con ellas.
Vemos quién publicó algo, quién cambió de trabajo, quién viajó, quién comenzó una relación, quién dejó de publicar.
No necesariamente buscamos información sobre una persona específica.
Simplemente seguimos viendo.
Entonces el desplazamiento cumple otra función. Nos permite permanecer orientados dentro de nuestro entorno social.
Cada interacción puede contribuir a conocer nuestras preferencias.
Cada pausa frente a una publicación aporta información.
Cada desplazamiento también puede formar parte de ese registro.
La cuestión deja de ser únicamente cuánto contenido consumimos. También importa qué información producimos mientras consumimos.
Ahí aparece una de las contradicciones de nuestra relación con las plataformas.
Nosotros podemos sentir que estamos perdiendo el tiempo, mientras la plataforma está obteniendo información sobre nuestras preferencias.
Nosotros podemos sentir que ya no estamos buscando nada, mientras el sistema continúa intentando encontrar algo que nos haga permanecer.
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha estudiado desde otra perspectiva la relación contemporánea con el tiempo, la atención y la actividad permanente. En El aroma del tiempo, analiza una experiencia temporal caracterizada por la sucesión de momentos que pueden perder continuidad entre sí.
El desplazamiento de contenidos encaja con esa forma de experimentar el tiempo.
Una publicación ocupa unos segundos.
Después aparece otra.
Luego otra.
Cada contenido sustituye al anterior sin necesidad de construir una secuencia.
No existe necesariamente una conclusión.
Tampoco existe una señal que indique que terminamos.
Por eso quizá el problema no consiste únicamente en que pasemos demasiado tiempo frente a una pantalla.
También consiste en que estamos acostumbrándonos a una experiencia en la que siempre puede aparecer algo más.
El siguiente contenido puede ser más interesante.
El siguiente puede ser importante.
El siguiente puede estar relacionado con nosotros.
El siguiente puede ser exactamente aquello que estábamos esperando sin saber que lo estábamos esperando.
Así, la búsqueda deja de necesitar un objeto específico.
Ya no buscamos necesariamente una respuesta.
Buscamos la posibilidad de encontrar algo.
Esa diferencia ayuda a explicar por qué podemos seguir deslizando incluso después de haber revisado todo aquello que originalmente queríamos consultar.
La pregunta pasa de ser «¿por qué las redes sociales consiguen que permanezcamos tanto tiempo?» hacia ¿Qué sucede con nosotros cuando cada momento vacío puede ser ocupado inmediatamente?
Quizá el cambio más importante no está en la cantidad de información que recibimos, sino en nuestra relación con los momentos en los que no ocurre nada.
Antes había que esperar.
Ahora podemos deslizar.
Antes un momento sin actividad podía permanecer vacío durante varios minutos.
Ahora podemos llenarlo con cientos de contenidos.
Antes necesitábamos saber qué queríamos encontrar para iniciar una búsqueda.
Ahora podemos comenzar a deslizar sin saber qué buscamos.
Por eso seguimos deslizando.
No necesariamente porque todavía necesitemos encontrar algo, sino porque hemos incorporado una práctica que permite mantener ocupado el tiempo mientras permanece abierta la posibilidad de encontrarlo.
La próxima vez que te descubras deslizando sin saber exactamente qué estás buscando, quizá valga la pena detenerte unos segundos y hacerte una pregunta bastante sencilla.
¿Estoy buscando algo o solamente estoy evitando que este momento quede vacío?
Si alguna vez te ha pasado, cuéntame en los comentarios en qué momento sueles darte cuenta de que llevas demasiado tiempo deslizando. Si llegaste hasta aquí, también puedes compartir esta nota con alguien que seguramente haya tenido el mismo momento frente a su pantalla.
Fuentes
Bourdieu, P. (2007) El sentido práctico. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
Crary, J. (2015) 24/7. El capitalismo al asalto del sueño. Barcelona: Ariel.
De Certeau, M. (2000) La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana.
Goffman, E. (2001) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu.
Han, B.-C. (2015) El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Barcelona: Herder.
Miller, D. (2019) ‘Cómo y por qué el mundo cambió las redes sociales’, Etnografías Contemporáneas, 5(9).
Sosa Zúñiga, D.G. y Carrión Sánchez, M. (2025) ‘Economía de la atención: un estudio sobre los patrones de consumo de contenido digital en población universitaria’, Edutec. Revista Electrónica de Tecnología Educativa.