23/08/2026
Cuidar el vínculo
En toda relación de pareja habrá desencuentros. Dos personas diferentes no pueden sentir, pensar y mirar siempre en la misma dirección. El conflicto no necesariamente destruye un vínculo; muchas veces puede abrir una posibilidad de mayor conciencia y encuentro, es una puerta abierta al auto conocimiento y la transformación.
Lo que puede dañarlo es convertir el desacuerdo en una batalla: cuando dejamos de intentar comprender y comenzamos a intentar vencer; cuando necesitamos tener la razón, aunque para conseguirla tengamos que herir; cuando protegemos nuestro orgullo a costa de aquello que decimos amar. Y ahí nos perdemos...
Y hay algo todavía más profundo: a veces no respondemos solamente a lo que está ocurriendo en el presente, sino también a lo que alguna vez nos dolió.
Una palabra, un gesto, la comunicación no verbal o una distancia pueden tocar una herida antigua. Entonces reaccionamos desde el miedo, el abandono, la necesidad de reconocimiento o la sensación de no ser suficientes. El ego aparece para defenderse y, en ese intento de protegernos, podemos atacar, cerrarnos, exigir, retirarnos o decir palabras que después lamentamos.
Sin darnos cuenta, comenzamos a defendernos de quien tenemos delante como si fuera responsable de todas nuestras heridas.
Y es ahí donde podemos sabotear el amor.
El amor es fuerte, pero también es frágil. Puede sostenernos profundamente y, al mismo tiempo, quebrarse con palabras, silencios, indiferencias o heridas repetidas. Por eso amar no es solamente sentir: es cuidar. Es recordar que el corazón del otro no es un territorio que podemos herir impunemente, diría que entrar en el territorio emocional del otro es entrar en un lugar sagrado: hacerlo con cuidado, respeto y conciencia de nuestra huella. Eso también es amar. Y cuándo herimos, entonces reparar y escuchar las necesidades del otro, eso también es una forma de amar.
“El amor necesita ser cuidado: porque aquello que amamos puede ser profundamente resistente y, al mismo tiempo, profundamente vulnerable.”
Porque el amor no siempre se pierde porque deje de existir. A veces se va cubriendo de miedo, orgullo, resentimiento, interpretaciones y viejas heridas.
Quizá amar no sea solamente encontrar a alguien a quien amar.
Quizá sea también aprender a retirar aquello que nos impide amar con presencia.
Entonces, ¿qué es el amor?
Tal vez sea la capacidad de encontrarnos con el otro sin querer poseerlo, cambiarlo o vencerlo; reconocer su existencia, cuidar su vulnerabilidad y permitirle ser quien es, mientras nosotros permanecemos fieles a quienes somos.
Amar es presencia.
Es escucha.
Es responsabilidad.
Es libertad.
Es elegir el encuentro una y otra vez, incluso cuando la diferencia aparece.
Y también es aprender a preguntarnos, en medio del conflicto:
¿Estoy respondiendo a lo que está sucediendo ahora o a una herida de mi historia?
¿Estoy intentando comprender o defenderme?
¿Quiero tener razón o quiero cuidar el vínculo?
¿Estoy expresando mi verdad o estoy utilizando mi dolor para herir?
Porque quizá el amor sea menos una emoción que un camino de conciencia.
Y en ese camino, una de las tareas más profundas de una pareja es aprender a reconocer no solamente aquello que los une, sino también aquello que cada uno necesita transformar para no convertirse en obstáculo del amor que desea vivir.
“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras que has construido contra él.”
— Rumi
Cristina Estrada, Psicoterapia Humanista y Biodanza