26/08/2026
María Sabina curaba con lo que ella llamaba "niños santos" — así se refería a los hongos sagrados que usaba en sus ceremonias nocturnas en Huautla de Jiménez, Oaxaca.
En 1957, la revista Life publicó un artículo sobre ella, firmado por un banquero llamado R. Gordon Wasson.
Después de eso, su pueblo dejó de ser un secreto. Llegaron turistas, hippies, buscadores de experiencias místicas de medio mundo, exigiendo la misma "velada" que Wasson había descrito.
María Sabina nunca pidió esa fama. Toda su vida había usado sus rituales para sanar enfermedad real, dolor real, dentro de su propia comunidad — no para satisfacer la curiosidad de extraños.
La exposición le costó caro. Fue señalada por su propio pueblo, acusada de haber vendido algo sagrado. Vivió sus últimos años en la pobreza, en una choza sin electricidad, mientras su nombre se volvía conocido en todo el mundo.
Murió en 1985, casi olvidada por quienes antes hicieron fila para conocerla.
Su historia deja una lección incómoda: hay personas capaces de dar sanación, sabiduría, cuidado genuino a otros, y aun así terminan solas, sin que nadie las cuide de vuelta.
Cúrate del deseo de sentirte amada por quienes solo vienen a tomar lo que tienes. La verdadera compañía no aparece cuando brillas. Aparece cuando ya no tienes nada que ofrecer, y aun así se queda.
-Tomado de la red-