22/04/2026
Durante siglos, la figura de la bruja fue perseguida no por lo que hacía, sino por lo que representaba: una mujer libre, intuitiva, sabia y conectada consigo misma. En la antigüedad, ser llamada “bruja” muchas veces significaba salirse del control, pensar diferente, sentir profundo y no someterse.
Hoy, ese símbolo sigue vivo, pero ha cambiado de forma. Ya no se trata de esconderse, sino de atreverse a mirarse. Porque el verdadero camino —más allá de lo místico— es psicológico: implica cuestionarte, sanar, responsabilizarte de tus emociones y romper patrones que duelen.
Y no todos están listos para eso. Porque verse de verdad… también implica dejar de huir.