31/05/2026
Anoche, a la 1:00 de la mañana, mi sistema nervioso dijo: “hasta aquí”.
Comencé a sentir hormigueo en el cuerpo, entumecimiento, una sensación extraña de parálisis y una crisis de ansiedad que me obligó a detenerme. Me tuvieron que revisar. En esos momentos uno cree que el cuerpo está fallando, pero a veces lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario: el cuerpo está intentando salvarnos.
Hoy fui a trabajar con uno de mis maestros. Le conté lo que había pasado y me respondió con una frase tan simple como poderosa:
*”Mido 1.48, no 2 metros.”*
Y entendí.
Entendí que llevo días intentando vivir como si midiera 2 metros emocionales, energéticos y físicos. Como si pudiera cargar más responsabilidades, más pendientes, más personas, más exigencias de las que realmente puedo sostener.
Mi sistema nervioso no colapsó porque sea débil.
Colapsó porque durante demasiado tiempo ignoré las señales.
Porque el cuerpo susurra antes de gritar.
Y cuando no escuchamos los susurros, aparecen los síntomas.
Hoy me tocó descansar.
De hecho, estaba preparando contenido sobre Wellness cuando mi novio me vio frente a la computadora y me preguntó:
—¿Vas a grabar Wellness así?
Y antes de que pudiera responder, me dijo:
—¡No! Te duermes.
Y tenía razón.
Qué ironía hablar de bienestar mientras ignoraba el mío.
A veces la mayor práctica de consciencia corporal no es una meditación, una danza o una técnica somática.
A veces es simplemente cerrar la computadora.
Decir que no.
Dormir.
Pedir ayuda.
Reconocer que somos humanos.
Porque el cuerpo no es una máquina que debemos obligar a producir.
Es un territorio vivo que merece ser escuchado.
Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, decidí escuchar.
✨ ¿Cuántas señales te ha enviado tu cuerpo esta semana que aún sigues ignorando?