Psicoterapia Clínica

Psicoterapia Clínica Descubriendo el Ser

El ego y el alma. En la vida psicológica del ser humano llega un momento en que el ego, que hasta entonces ha guiado la ...
19/03/2026

El ego y el alma.

En la vida psicológica del ser humano llega un momento en que el ego, que hasta entonces ha guiado la vida, comienza a encontrarse con algo más profundo: lo que muchas tradiciones llamarían el alma y que en psicología profunda se acerca a lo que Jung llamó el Self.

El ego es la parte de la psique que organiza nuestra identidad consciente. Es quien dice “yo”. Construye nuestra historia, nuestros planes, nuestras decisiones y nuestra adaptación al mundo. Durante la primera parte de la vida su función es necesaria: nos permite formar una personalidad, encontrar un lugar en la sociedad y sostener la estructura de nuestra existencia.

Pero el ego no es el centro total de la psique.

Debajo de él existe un territorio más amplio: el inconsciente, donde viven símbolos, emociones, arquetipos y fuerzas psíquicas que no dependen de la voluntad consciente. Jung observó que el desarrollo profundo del ser humano comienza cuando el ego descubre que no es el verdadero soberano de la psique.

Ese descubrimiento suele producir una fricción interior. El ego desea control, seguridad y continuidad. El alma —o el Self— empuja hacia algo más amplio, más auténtico y muchas veces desconocido. Por eso el encuentro entre ambos rara vez es cómodo. A menudo se manifiesta como crisis, preguntas existenciales, cambios de dirección o una sensación de que la vida interior está reclamando algo que antes no se escuchaba.

En ese momento el ego tiene dos posibilidades. Puede resistirse, intentando mantener el antiguo orden, o puede comenzar a dialogar con ese centro más profundo de la psique. Cuando el ego aprende a escuchar en lugar de dominar, comienza el verdadero proceso de individuación, el camino por el cual la persona se vuelve más completa.

Este encuentro fue representado simbólicamente por los alquimistas como la unión de opuestos: el rey y la reina, el sol y la luna, la conciencia y el alma. Jung interpretó estas imágenes como símbolos de la conjunción interior, el momento en que las partes separadas de la psique comienzan a integrarse en una totalidad mayor.

No se trata de que el ego desaparezca. El ego sigue siendo necesario para vivir en el mundo. Lo que cambia es su posición: deja de ser el dueño absoluto y se convierte en un mediador entre la conciencia y el alma.

Cuando ese encuentro comienza a producirse, muchas personas sienten algo difícil de explicar: una mezcla de inquietud y de verdad interior. Como si algo dentro de ellas supiera que, aunque el camino sea incierto, están acercándose más a lo que realmente son.

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Los cuatro jinetes de la codependencia.No llegan haciendo ruido… llegan disfrazados de amor.La codependencia no destruye...
18/02/2026

Los cuatro jinetes de la codependencia.

No llegan haciendo ruido… llegan disfrazados de amor.
La codependencia no destruye de golpe, desgasta poco a poco. Y cuando una familia se da cuenta, ya está atrapada en una dinámica donde amar se volvió sufrir y cuidar se volvió control. Lo veo a menudo en el consultorio: no es un solo problema, son cuatro fuerzas que se turnan para mantener el vínculo enfermo.

🔹 El primer jinete es la culpa.
La familia primaria piensa: “si hubiera hecho más… si no hubiera fallado…”. Y desde esa culpa intenta reparar lo irreparable, entregándose hasta olvidarse de sí misma.

🔹 El segundo jinete es el control.
Revisar, vigilar, llamar, insistir… creer que con suficiente amor y supervisión el otro dejará de consumir. Pero el control no cura, solo calma momentáneamente la angustia de quien lo ejerce.

🔹 El tercer jinete es el rescate.
Pagar deudas, justificar conductas, resolver consecuencias. El codependiente cree que ayuda, pero en realidad evita que el adicto confronte su propia vida.

🔹 Y el cuarto jinete es la negación.
“No está tan mal”, “ya va a cambiar”, “solo fue esta vez”. La negación protege del dolor… pero también prolonga la adicción.

Estos cuatro jinetes no viven separados; cabalgan juntos dentro del vínculo. Mientras uno culpa, otro controla; mientras uno rescata, otro niega.
Sanar la codependencia no es dejar de amar, es aprender a amar sin destruirse. Es entender que acompañar no es controlar, que ayudar no es rescatar y que el amor maduro también pone límites.
Porque cuando estos jinetes dominan las relaciones, el apocalipsis no es el consumo… es la pérdida de uno mismo en nombre del amor.

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