Alberto Terapias 5D

Alberto Terapias 5D Biomagnetismo, Reiki, masajes y Ayurveda. Bienestar natural para tu vida.

Feliz Día de las Madres. 🌷Hoy celebramos mucho más que un rol.Celebramos a ese gran puente de vida…ese vínculo invisible...
10/05/2026

Feliz Día de las Madres. 🌷

Hoy celebramos mucho más que un rol.
Celebramos a ese gran puente de vida…
ese vínculo invisible que nos sostuvo incluso antes de conocer el mundo.

La madre es refugio, contención, nutrición emocional, presencia.
Es la mujer que, entre abrazos, silencios, errores y amor, nos enseña las primeras lecciones sobre sentir, amar, confiar y sobrevivir emocionalmente.

Porque antes de entender las palabras… aprendimos energía y sensaciones.
Aprendimos miradas.
Aprendimos ternura… o ausencia.
Y desde ahí comenzó nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

Ser madre es tocar un alma en formación.

Y quizá una de las enseñanzas más profundas de la maternidad es esta:
entender que amar también significa preparar al otro para su propia soberanía emocional.

Porque los hijos no vienen a pertenecernos.
Vienen a descubrirse.

Y el verdadero amor maternal no crea dependencia eterna…
crea raíces profundas y alas fuertes.

Con el tiempo, muchas mujeres descubren algo hermoso:
que también existe una madre interior dentro de ellas.
Una voz sabia que abraza, calma, protege y vuelve a encender el corazón incluso en los días difíciles.

Sanar también es aprender a maternarnos por dentro.
Hablarse bonito.
Darse descanso sin culpa.
Reconocer el propio valor sin tener que sufrir para merecer amor.

Hoy honramos a las madres que estuvieron, a las que hicieron lo mejor que pudieron, a las que siguen aprendiendo… y también a las mujeres que, aun cansadas, siguen siendo guía para otros.

Porque una madre no siempre salva con grandes discursos.
A veces salva con una comida caliente, una mirada sincera o un “aquí estoy”.

Una dulzura para todas ustedes.
Que nunca olviden esto:

El amor de una madre deja huellas en el alma, pero el amor propio que una mujer construye dentro de sí, transforma generaciones.

Alberto 5D

Eres maga/o.Aunque a veces sientas que no.Porque hay momentos en los que algo en ti piensa por ti, decide por ti, y no s...
06/05/2026

Eres maga/o.

Aunque a veces sientas que no.
Porque hay momentos en los que algo en ti piensa por ti, decide por ti, y no sabes de dónde viene, o ¿por qué está esa incomodidad por dentro?
Y ahí es donde empieza el verdadero trabajo del mago.

El mago es quien tiene la maestría, la maestría de transformar su realidad interior.
Antes de ser magos, somos seres parasitados: influenciados por energías, por golpes de la vida (traumas), por educación, por creencias. Y entonces se forma un egregor, una sombra que se coloca bloqueando nuestra esencia que es esa niña, ese niño interior.

Esa sombra empieza a dirigir cómo nos relacionamos, cómo pensamos, cómo sentimos.
A veces aparecen pensamientos intrusivos, rumiamos, y parece que esas preocupaciones son nuestras, que nacieron de nosotros. Incluso se siente una necesidad intensa de tener la razón.
Otras veces son antojos, antojos de vicios: dulce, pan, alcohol, impulsos que piden ejecutarse, ejecutarse ya, sin esperar, sin control.

Pero aquí está el giro que libera: eso nunca eres tú. No venía de fábrica en el diseño original. Naciste sin eso.
Son constructos adquiridos, patrones aprendidos que habitan en ti, pero nunca parte de ti.

Mago es quien domina, quien los domina.
Es la única autoridad de su mundo interior.
Y desde ahí, desde ese centro, puede dirigir sus estados emocionales, elegir su respuesta, reescribir su experiencia.

Al principio no es fácil. Pero la repetición crea maestría, la práctica crea poder.

Porque cuando ya estás dentro de la emoción, (tristeza, enojo, antojo, incomodidad, preocupación) salir es difícil, difícil hacerlo solo. A veces se necesita contención, apoyo, guía.

Pero hay un momento clave… justo antes. Antes del punto de no retorno.
Ahí, en ese segundo silencioso, puedes decidir. Puedes quedarte afuera. Puedes sostenerte.

Eso es gestión emocional. Eso es poder personal.

Y ese poder se entrena con ideas firmes, firmes y claras:
“No como azúcar.”
En presente. Directo. Sin negociación.

Algunos pacientes dicen:
“Se me meten pensamientos, se me meten preocupaciones, se me mete el nerviosismo, se presentan manías, fobias…”
Y sí, llegan de pronto.
Pero el mago no pelea con eso.
El mago transforma.
Transforma esa energía, la neutraliza, la integra, la usa a su favor, y regresa al centro, regresa a sí mismo.

En este mes donde celebramos a las mamás, a las maestras, y el día del maestro, reconoce algo profundo:

“El maestro, el mago… que ya estás desarrollando.”
Ya es hora de que encuentres al maestro dentro de ti, eres tú.

Así que la próxima vez que lo sientas… que sientas ese impulso, ese pensamiento, esa emoción que quiere entrar, entrar…haz una pausa. Respira. Nómbralo.

Y recuerda: tú decides si le das entrada, o si te quedas en tu centro.

Porque el mago nunca reacciona… el mago elige.
Y cada vez que eliges, eliges conscientemente, te vuelves más tú.

No estás empezando.
Ya estás recordando.
Alberto 5D

Ansiedad e insomnio primaveral.El cuerpo inquieto. La mente encendida.Últimamente varias personas me dicen lo mismo:no d...
14/04/2026

Ansiedad e insomnio primaveral.
El cuerpo inquieto. La mente encendida.

Últimamente varias personas me dicen lo mismo:
no duermen igual, hay ansiedad, inquietud, torpeza, pensamientos que entran sin permiso. No es casualidad. Vivimos distraídos… como viendo el celular mientras algo importante pasa enfrente. Noticias, estrés colectivo, caos vial, ruido… y en medio de todo eso, inició el año energético.

El 21 de marzo entró fuego. Y ese fuego… también entra en ti, en tu sistema nervioso.
Se siente como impulso, irritación, ansiedad, insomnio.
El cuerpo emocional se acelera.

Abril suele ser intenso.
Luego baja, mayo, junio el cuerpo se regula para inicios de verano.

Pero mientras tanto, aquí está la clave:
Si no hay emoción, no hay reacción.

El problema no es lo que pasa afuera.
Es lo que se activa adentro y eso que se activa hacer reaccionar desde el inconsciente.

Cuando te “prendes”, pierdes el control.
Cuando te enfrías, recuperas poder.

Aprende a ser frío en tus reacciones.
Como un reptil. 🐢
Sin drama, sin sobrecarga.
Un poco psicópata… pero consciente.

Para los pensamientos intrusivos y la rumiación:
Nunca luches con ellos.
Mejor: Redirige.
Muévete, has ejercicio, contacta a tus amistades para comer, placer simple pero sanador. Comer algo rico, ve a alguien que te suma, pisa el pasto para hacer tierra y drenar energía densa. Toca a tu mascota. Pasa tiempo de calidad con tu pareja o acompañante en turno.

Donde pones tu atención, es lo que amplificas, ya sea para regular tu mente o preocuparte más.

Soluciones:
Dieta y alimentación:
Minerales: Agua + sal de calidad (la encuentras en la tienda Anacahuita).
Magnesio (citrato) → calma real.
Boro → estabilidad profunda.
Grasas buenas: aguacate, aceites.

Puedes tomar por la mañana un vaso de agua con media cucharadita cafetera de Sal, una pisca de Citrato de Magnesio, y posteriormente unas gotas de Boro.

🚫 Evita el fuego extra:
Picante, ajo, cúrcuma, chocolate, carnes pesadas, leguminosas, (lentejas, frijoles, garbanzos, ya que son inflamatorias).

Artillería fina:
Respiración Buteyko
Menos pantallas, más libros reales, música de CD o radio.
Luz cálida especialmente en tu dormitorio, (incandescente, no LED)
Frío en perineo (para bajar calor interno).
Aceites relajantes.

Aunque hoy vivimos rodeados de contaminación electromagnética y hay factores que quedan fuera de nuestro control, pero sí existen decisiones conscientes que pueden ayudarte a reducir la carga sobre tu sistema nervioso.
Una de las más simples, y más ignoradas, es la luz.

La iluminación LED, presente en pantallas, focos, autos y hasta en los semáforos, genera un tipo de estímulo constante que mantiene al cerebro en estado de alerta. Es una luz fría, artificial, que interfiere con tus ritmos naturales.
Por eso te recomiendo hacer un cambio en tu entorno: regresa a la luz incandescente, especialmente en tu dormitorio. Esa luz cálida de filamento que usábamos hace años tiene un efecto mucho más amigable con tu sistema nervioso.

La tecnología como droga.
Vivimos en un nivel de estimulación que el sistema nervioso simplemente no estaba diseñado para sostener. La vida, en su ritmo natural, sería como escuchar una pieza de música suave. Pero hoy estamos expuestos a un concierto constante, con todos los instrumentos sonando al mismo tiempo.

Esa sobreestimulación nos vuelve inquietos, impacientes… ansiosos.
No porque “algo esté mal”, sino porque hay demasiada carga entrando al sistema.

Solo observa un momento cotidiano, abres una red social y entras en un flujo infinito de reels, historias, estímulos rápidos. Y usando la computadora es igual, mientras tienes YouTube de fondo, varias ventanas abiertas, mensajes entrando, notificaciones activándose.

Tu mente no descansa.

Y ese estado constante de micro-estímulos fragmenta tu enfoque y agota tu energía interna.

Por eso, más que agregar cosas…
conviene restar.

Un ayuno de tecnología sostenido, aunque sea por periodos cortos, permite que el sistema nervioso se reinicie, que la mente recupere claridad y que vuelvas a sentir calma sin necesidad de tanto estímulo externo.

A veces, lo más terapéutico… es el silencio.

El teatro falso de la vida.
Ahora, llévalo más profundo.

Imagina que la realidad social es una obra de teatro.
Que muchas de las cosas que ves, escuchas y te afectan, forman parte de una narrativa que busca enganchar tu atención, con la finalidad de que emitas emociones.

Como si hubiera una cámara escondida.
Como si fuera un juego.

Cuando te tomas todo demasiado en serio, entras en el personaje y te olvidas que eres un actor superior.
Cuando observas, te sales del papel. Y ahí ocurre algo interesante: te desidentificas del drama, de los problemas, de la historia, y conectas con algo más estable dentro de ti.

Tu centro. Tu presencia. Tu conciencia.
Desde ahí, las interferencias externas pierden fuerza.
La vida comienza a sentirse más ligera.

Incluso lo que llamamos “final de la vida” no es más que un cambio de estado, de forma, de dimensión.

Por eso te conviene soltar.

Esto es un teatro. 🎭
Si te lo tomas demasiado en serio… te atrapa.
Si lo observas… te liberas.

Lo que te engancha es la emoción.
Lo que te libera es la conciencia.

Suelta.

Sin emoción, no hay conflicto.
Sin reacción, no hay discusión.

Eres libre.
Solo recuerda que lo eres. ✨

Alberto 5D

Las relaciones enferman físicamente.Psicología, biodescodificación y dejarnos de hacer patos.Cada relación afectiva tien...
14/04/2026

Las relaciones enferman físicamente.
Psicología, biodescodificación y dejarnos de hacer patos.

Cada relación afectiva tiene beneficios y costos. Y aunque por sistema nervioso tendemos a la homeostasis, (o sea, a estar en equilibrio), podemos normalizar o soportar sensaciones incómodas.

Esas sensaciones incómodas son el costo que tenemos que pagar por interactuar con alguien que nos brinda un beneficio. No es ver a las relaciones en un reduccionismo de negocio, pero sí aceptar la realidad de ese intercambio energético.
Lo que nos da placer, paz, estabilidad, beneficios, alegría, inspiración, motivación… es lo que nos suma.
Y lo que nos incomoda y nos cuesta aceptar, es el precio a pagar.

Idealmente tendríamos que vivir en armonía. Sentirnos cómodos con nuestra pareja, con nuestros amigos. Y si es posible, vivir inspirados, admirando a la persona. Porque cuando hay admiración, sentimos que recibimos mucho valor… incluso si algo nos incomoda.

Porque desde la admiración, esa incomodidad se borra.
Y lo que queda… es una sensación de felicidad en armonía.

Ahora, el punto importante:
Cuando sentimos una incomodidad ocasional, aislada, no hay mucho impacto en el cuerpo.
Pero cuando vivimos una situación de manera sostenida, (discusiones varias veces a la semana, enojo frecuente, incomodidad constante), el cuerpo comienza a resentirlo.
Generamos y soltamos cortisol, adrenalina y otras sustancias dentro de nuestro cuerpo.
Y eso, a la larga, después de unas semanas, se comienza a somatizar… y a generar enfermedades.

Por eso es importante que nuestro “gordo” nos de paz, y que nuestra “reinita hermosa” que tenemos de pareja nos haga sentir queridos.

Por ejemplo:
La gente enojona puede sufrir problemas hepáticos o cardiacos.
Las personas depresivas, problemas respiratorios o acumulación de líquidos.

No todas las enfermedades son de origen emocional.
Ni todas son de origen físico.

Pero lo que sentimos… influye mucho.
Por eso, por salud mental y física, es conveniente convivir con personas que nos hagan sentir cómodos.

Que podamos aceptar… sin sentir la necesidad de cambiarlas.

Tu cuerpo ya decidió antes que tu mente.
El cuerpo te avisa antes de que lo racionalices, porque el cuerpo está conectado al inconsciente.

Escucha a tu cuerpo… y entenderás a tu corazón.
Por un mundo de equilibrio en las relaciones.
Estemos en consciencia superior.

Alberto 5D

Este es un tema que hablo poco, y justamente por eso es importante.La sombra es el mayor obstáculo en nuestro avance de ...
02/03/2026

Este es un tema que hablo poco, y justamente por eso es importante.

La sombra es el mayor obstáculo en nuestro avance de liberación, sanación y terapia.
Es ese ser interno que utiliza todo aquello a lo que somos sensibles: antojos, deseos, tristezas, enojos. La sombra es la entidad parasitaria que reconoce qué deseamos y usa ese código para mantenernos bajo control.

La sombra se alimenta de energía emocional. Y cuando entiende que estamos por evolucionar, activa mecanismos para conservar el mismo estado de personalidad. Porque sanar implica que pierde fuerza, y llega su final. Iluminarnos con equilibrio implica que su territorio se reduce. Desparasitarnos de ideas implica dejar de alimentar a un ser hambriento.

Por eso en ocasiones observo cómo algunos pacientes cancelan su terapia, bajan la frecuencia o postergan su proceso. Algunos pacientes sensibles me han comentado que incluso perciben que “algo” o “alguien” les susurra que se alejen de las terapias, que la soberanía es irrelevante, que sigan igual en su zona de confort.

Y aquí viene algo poderoso: la mayoría de las personas que llegan conmigo ya traen algo más fuerte que su parásito. Traen activa su voluntad. Traen un impulso real de liberarse. Por eso la mayoría permanece y evoluciona. Existe un pequeño porcentaje, quizá un 5%, que decide retirarse justo cuando el trabajo comienza a tocar el núcleo. Y siempre aparece una justificación. La buena noticia es que en promedio se queda la mayoría aproximadamente un 95%.

Este reto le sucede a cada ser humano. Somos ese ser que alimenta a otro, y ese parásito busca conservar su fuente de energía. Por eso conviene fortalecer la voluntad y encontrar la información que desarma el código que lo sostiene.

La sombra es nuestro mayor reto. Se defiende.
Y justo ahí es donde conviene elevar conciencia y radicalidad interna.
“La sombra sirve para recordar que soy la única autoridad de mí mismo.”

Cada vez que eliges conscientemente, el parásito pierde alimento.
Eres soberanía.

Alberto 5D

Prácticamente toda mi adolescencia, y hasta mis 28 años, mi peso osciló entre los 45 y 50 kilos. Recuerdo que en la secu...
26/02/2026

Prácticamente toda mi adolescencia, y hasta mis 28 años, mi peso osciló entre los 45 y 50 kilos. Recuerdo que en la secundaria pesaba 45. Siempre fui muy delgado.

Pero poco a poco, entre el correr de la vida, fui subiendo. Llegué a pesar casi 70 kilos. La verdad, en ese momento no me importaba demasiado.

Creo que el punto más alto fue cuando comencé a viajar a Rusia y a vivir allá.
Una pizza… que si la hamburguesa… un chocolatito pal frío, y cómo decirle que no a la sopa de betabel, a la ensalada rusa (ensalada Olivier). En esa época mi novia me decía que no tomara refrescos, (no le hacía mucho caso), y recuerdo que además bebía mucho una bebida de aloe vera endulzada, pensando que era “más sana”.

El peso no sube de golpe. Sube con hábitos, con emociones no resueltas y con pequeñas concesiones diarias.

Con el tiempo, viajando, estudiando el impacto de la alimentación en el comportamiento psicológico y empezando a atender niños con autismo, comencé a transformar mi dieta.

El secreto, para mí, ha sido claro:
Eliminar por completo los azúcares procesados.
No consumir gluten.
Y recientemente, incorporar ayuno intermitente, que me ayudó a bajar los últimos dos kilos.

Hoy peso 56 kilos, a veces 55.
No lo hago por estética. Lo hago por lucidez. Por claridad mental. Por mejor gestión emocional. Por tener menos carga inflamatoria y menos parásitos internos.

He integrado prácticas como enemas semanales, ajustes alimenticios constantes, higienismo, jugo de apio, polvo de apio, separación de alimentos. Es un proceso consciente.
Y sigo comiendo sabroso. Fruta, miel, y a veces me consiento con sushi. El sushi, que literalmente significa arroz con vinagre, tiene un detalle interesante: el vinagre mejora la respuesta glucémica y ayuda a que los carbohidratos se digieran mejor. El vinagre es un gran aliado metabólico.

La mayoría de mis días sigo una dieta en dos fases:
Por la mañana, fruta y miel.
Por la tarde, enfoque keto.

Cuando estoy emocionalmente movido, me permito algo de carbohidrato o simplemente no ayuno. No se trata de rigidez, sino de consciencia.

Sigo en transición.

He encontrado aliados que han hecho el camino más fácil, el pan de mi amigo Jorge que es hecho con harina de almendra (flor de jamaica Mitras), Anacahuita Orgánicos, Trementina, Propóleo etc.

Mi meta no es un número en la báscula.
Es sentirme cada vez más claro, más ligero y más dueño de mi biología.
Cada día estoy más cerca.

Alberto 5D

¿Le darías una caguama a un niño?Si cambiáramos nuestros hábitos alimenticios, en poco tiempo podríamos sostener una sal...
26/02/2026

¿Le darías una caguama a un niño?
Si cambiáramos nuestros hábitos alimenticios, en poco tiempo podríamos sostener una salud real: física, mental, conductual y cognitiva.
La alimentación no es un detalle… es uno de los pilares más profundos de la salud.

Si lo deseas tanto, es porque algo dentro ya lo decidió por ti.
Los antojos vienen del estado de nuestros órganos. Cuando están en desbalance, provocan deseos intensos: dulces, picantes, amargos. Esto ya lo explicaba la Medicina Tradicional China. Cuando el órgano se armoniza, por ejemplo con acupuntura, los antojos cambian solos. La persona comienza a elegir mejor sin esforzarse tanto.

El segundo factor es la microbiota.
Esos huéspedes que viven dentro de nosotros, comiendo lo que comemos, dejando desechos que impactan nuestro sistema nervioso. Algunas de esas sustancias actúan como neurotransmisores.
Sí: hay bacterias y hongos que influyen en lo que deseas comer… y en cómo te comportas.
Por eso cambiar la dieta no es solo “comer mejor”, es sanar emocionalmente.

Aunque cada caso debe evaluarse individualmente, en general hay alimentos que conviene retirar o reducir mucho:
Azúcares procesados (el peor).
Lácteos.
Carbohidratos refinados.
Leguminosas.

El principal enemigo es el azúcar procesado: refrescos, dulces, pan dulce, pasteles. Es el más adictivo, el más normalizado y el menos cuestionado.
El lugar secreto de los tóxicos.
A veces también están en lo que creemos que nos sana.
La medicina evoluciona. Lo que hoy consideramos tratamiento, ayer fue error… y mañana puede ser cuestionado.

Hace siglos se utilizaba mercurio como medicina. En Europa y Asia se administraba de forma oral para tratar infecciones como la sífilis. En ese momento era una “solución”. Hoy sabemos que el mercurio es altamente neurotóxico. Lo que antes se recetaba para sanar, en realidad estaba dañando silenciosamente.

La conciencia médica avanza con el tiempo.

Y así como el mercurio fue normalizado en su época, es posible que algunas sustancias que hoy consideramos seguras, en el futuro se entiendan como tóxicas.
No se trata de miedo. Se trata de criterio.

Las toxinas generan un terreno biológico específico.
Alteran órganos, inflaman tejidos y crean el clima perfecto para que prolifere una microbiota dañina. No trabajan solas. Trabajan en sinergia.

Toxina + desequilibrio + microbiota alterada = comportamiento, antojos, inflamación, desregulación emocional.

El cuerpo siempre se adapta. La pregunta es: ¿a qué lo estás obligando a adaptarse?

Ahora imagina esta escena:
Tu hijo de 5 años se acerca a una mesa donde hay una caguama y unos ci****os. Te pide que le sirvas cerveza y le prendas un cigarro porque quiere aprender a fumar.
Aunque llore, haga berrinche o grite… estoy seguro de que no se lo darías.
Porque sabes que es tóxico.
Entonces, ¿por qué sí se les da azúcar procesada a los niños?
En parte porque es difícil aguantar los berrinches.
Y en parte porque no se entiende el impacto real de la alimentación.
Como vemos a muchas personas consumir azúcar y “aparentemente no pasa nada”, asumimos que es inocua.

Es lo mismo que pensar que 2 o 3 cervezas no hacen daño, cuando estudios recientes muestran que incluso el consumo moderado de alcohol puede reducir el volumen cerebral y afectar la salud a largo plazo.

Si todos comen mal, es más fácil que tú también comas mal.
En fiestas, convivencias y reuniones se rompen las dietas:
“Ándale mijito, una rebanadita del mostachón, tu prima lo preparó, esta bien rico.”
“No me dejes solo compadre, una cheve pa brindar.”
Y así se perpetúa el hábito.

El reto del mes.
El cuerpo emocional tarda aproximadamente un mes en reorganizarse ante un cambio.
Por eso dejar un alimento o un vicio durante 30 días tiene efectos profundos. A partir del segundo mes, los antojos disminuyen notablemente.

Recuerdo mis primeros pacientes con autismo. El primer mes sin azúcar procesada fue muy intenso. Berrinches, resistencia, desesperación. Los padres casi se rendían. Pero sostuvieron la disciplina.
Después del segundo mes, el proceso fue mucho más sencillo.
Al tercer mes, el niño ya se había acostumbrado.
La voluntad sostenida vence al impulso.

El negocio de tu impaciencia.
Vivimos en un mundo de gratificación inmediata: comida rápida, placer inmediato, parejas a un click, videos infinitos, música sin límites, alcohol accesible.
El cerebro se ha vuelto impaciente, ansioso, reactivo.
Pero los cambios reales son graduales. Tan graduales como salir de un sauna y aclimatarse poco a poco.

¿Le darías una copa de vino a un niño de 5 años?
Entonces empieza a cuestionar lo que hoy parece normal.
La alimentación es conciencia.
Y la conciencia es libertad.

Alberto 5D

Se acabó el 20. ¿Y de aquí a dónde le seguimos?La verdad, escribir sobre los cierres tiene algo inquietante. Como mexica...
20/02/2026

Se acabó el 20. ¿Y de aquí a dónde le seguimos?

La verdad, escribir sobre los cierres tiene algo inquietante. Como mexicanos apasionados, los finales se sienten intensos. Nos encanta celebrar, extender, continuar. No nos gusta que las cosas se acaben, no tenemos educación para un sano fin.

Cuando algo nos encanta, surge esa energía que quiere prolongarlo. En los ochenta se decía: ¿Y de aquí pa’ dónde le seguimos? En los dos mil le pusimos nombre elegante: “el after”.

El pre en casa de “Laura”, la fiesta en el antro, el after en casa de “Toño…” y luego el after del after. El sábado por la noche se estira hasta el domingo a las siete de la mañana.

Al finalizar algo ahí aparece lo que podemos llamar “aversión al descenso”: la dificultad para transitar de un estado elevado a uno basal, (de un estado de excitación a un estado normal). No es una sensación normal: duele, y duele mucho.

En psicología se le conoce como “adaptación hedónica”. El cerebro se ajusta al pico de placer, y cuando la dopamina baja hacia su línea base, la experiencia subjetiva se siente como pérdida.

Por eso, en dinámicas de adicción al placer, se intenta prolongar el estado alterado, cuando el organismo simplemente busca volver a su equilibrio.

En las relaciones de pareja sucede algo semejante. Quien es dejado enfrenta algo más profundo que la ausencia de la persona: enfrenta el descenso neuroquímico. Durante el vínculo se activan dopamina, oxitocina, serotonina, incluso cortisol cuando hay drama. En relaciones intensas (sobre todo las tóxicas) el cóctel bioquímico es potente: placer, celos, enojo, reconciliación. Esa montaña rusa genera huella neuronal.

Cuando el vínculo termina, el sistema necesita tiempo para reorganizarse. En términos clínicos, un duelo importante puede extenderse hasta 3 años en promedio en ausencia de acompañamiento terapéutico profundo. Ese periodo refleja la reconfiguración de circuitos afectivos, memoria emocional y regulación. Hay duelos más breves, de año y medio, y otros que duran días u horas, (como cuando una visita querida se va y se escucha el clásico “te extraño”).

Fiesta → after → after del after.
Relación → otra relación inmediata.
Serie de Netflix → siguiente capítulo automático.
Reel → otro reel.

La cultura occidental refuerza una consigna seductora: “Si algo está bueno, exprímelo.”
Y el cerebro ama esa narrativa porque anticipa dopamina.

Aprender a regularse es como cuando permanecemos mucho tiempo en un sauna. El cuerpo se calienta, los vasos sanguíneos se dilatan, la piel transpira diferente. Y al salir, surge un instante vulnerable. Cubrirse con toallas, tomar una infusión calientita, permanecer unos minutos en transición, permitir que la temperatura se regule poco a poco… eso facilita la aclimatación.

Así funciona también el sistema nervioso. Después de un estado de alta activación, requiere un periodo de ajuste. Cuando la transición se vuelve suave y consciente, la integración resulta más armónica. Entre mayor haya sido la intensidad del estímulo y más prolongada su duración, mayor será el tiempo necesario para regresar a su estado normal.

Por eso un vínculo afectivo de un mes se reorganiza con relativa rapidez tras una ruptura, mientras que una relación de 5 años, especialmente si fue intermitente o tóxica, deja una huella neuroemocional más profunda. Durante años se consolidaron circuitos de apego, anticipación y recompensa; el cerebro aprendió a esperar ciertos picos químicos. La recalibración requiere paciencia biológica.

Cuando alcanzamos la adultez y las décadas avanzan, el cuerpo empieza a marcar otro ritmo. La energía se administra con mayor conciencia. Las desveladas pesan más, las fiestas intensas pierden atractivo, los antros dejan de seducir como antes y los planes tranquilos se vuelven valiosos. El sistema nervioso aprende a priorizar estabilidad sobre la sobreestimulación.

Con la edad la dopamina y la excitación continúan presentes; simplemente cambian de escenario. El placer se vuelve más selectivo, más fino, más estratégico.

Desde la infancia hasta la edad adulta mayor hay algo que se llama el “apego”. Separarse, soltar, dejar de ver a alguien activa circuitos profundos de supervivencia emocional. El vínculo humano moviliza oxitocina, memoria afectiva, aceptación, vinculación, valorización y sensación de pertenencia. Cuando ese lazo se transforma, se distancia o se rompe, el sistema necesita reorganizarse.

Evolucionar implica aprender a gestionar los apegos internos.
El cuerpo ofrece otra metáfora elegante: la digestión. Después de comer, el organismo dirige energía al sistema digestivo. La cantidad y el tipo de alimento influyen en el tiempo necesario para procesarlo. Caminar suavemente después de comer favorece la motilidad intestinal y la regulación metabólica (contribuye a una mejor gestión de la glucosa y a la utilización eficiente de los carbohidratos). Esa pequeña acción de moverse facilita la integración. Así mismo, volver a uno mismo y moverse cuando alguien se va es terapéutico.
El movimiento, físico y emocional, ayuda a regular. La transición consciente convierte el descenso en aprendizaje.

El sistema nervioso agradece los puentes. La intensidad necesita reposo. La integración transforma la experiencia en sabiduría.

Lo interesante es que cuanto más se fuerza la prolongación del placer, más intensamente el sistema nervioso activa su mecanismo regulador, (resaca). La dopamina desciende, los receptores se ajustan, y aparece lo que muchos llaman “cruda emocional”: ansiedad, vacío, melancolía. No existe un neurotransmisor antagonista directo de la dopamina; ocurre una regulación compensatoria, simplemente la ausencia de dopamina duele. El contraste se siente como sufrimiento.

Al cerebro mexicano le conviene integrar una nueva creencia: el final forma parte del ritmo. El cierre pertenece al ciclo natural de integración.

Podríamos llamarlo “tanatología del placer”.
En México la imagen de la calavera evoca intensidad y misterio; simboliza tránsito, y se asocia con miedo. En otras culturas el cierre adquiere una estética distinta.

En Japón existe una sensibilidad especial hacia lo transitorio. Allí se honra el silencio, el minimalismo, la pausa. Se contempla el final. Se digiere. Y esta palabra es clave: digestión.

Mono no aware (物の哀れ) describe esa sensibilidad ante lo efímero. Una emoción dulce-melancólica que reconoce que algo es bello precisamente porque termina. La flor de cerezo representa esa conciencia: su caída forma parte de su esplendor.

Digerir es profundamente placentero.
Es regresar al estado basal con energía integrada. La experiencia se convierte en memoria nutritiva. El después transforma la normalidad en algo más sabroso.

El regreso de vacaciones tiene un valor especial porque integra lo vivido. El abrazo posterior a la intimidad consolida el vínculo; la oxitocina que se libera en ese momento fortalece la conexión más que el pico dopaminérgico del acto mismo. En ese baile entre activación y reposo, el equilibrio es la consciencia nutrida.

En culturas de alta estimulación, como la estadounidense o la mexicana, el cierre suele sentirse como interrupción. Sin embargo, desde la neurobiología, el cierre es integración.

El sistema nervioso funciona por ciclos.
Activación → integración.
Pico → retorno → aprendizaje.

Cuando la integración se omite, el impulso busca más estímulo. Y ahí nace la adicción.

Tolerar la bajada sin interpretarla como pérdida es un signo de inteligencia emocional avanzada. Disfrutar el cierre, saborear el último bocado, el último trago, el silencio después de la música… eso revela consciencia.

El final amplifica el significado.
La pausa consolida la memoria.
La digestión convierte el placer en placer consciente.

Eso es soberanía del sistema nervioso.

Alberto 5D

El glutamato es más que un aditivo.Es, en esencia, el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro. Es el botón de ...
16/02/2026

El glutamato es más que un aditivo.
Es, en esencia, el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro. Es el botón de encendido del sistema nervioso.

Cuando una persona vive estrés crónico, un duelo, inflamación sistémica o incluso tiene cierta permeabilidad intestinal, su sistema nervioso está trastocado… está en modo alerta. Está con el volumen un poco más alto de lo normal.

En ese terreno, el cerebro ya viene predispuesto a reaccionar más rápido, más fuerte, más intenso.

Entonces, cuando entra glutamato, ya sea endógeno (interno) o dietario (externo), no es que “cause” algo por sí mismo. Lo que hace es amplificar.
Sube la excitabilidad neuronal.
Y cuando las neuronas están más excitables, los mastocitos (esas células centinela del sistema inmune), pueden activarse con mayor facilidad en personas predispuestas.

Es un potenciador.

Y aquí viene la parte interesante: el cuerpo en duelo, en inflamación o en estrés prolongado tiene un cerebro que procesa el entorno con mayor sensibilidad. Es como si el sistema interno estuviera hiperreactivo, detectando estímulos con más intensidad.

El glutamato puede ser la chispa que cae en un terreno ya seco para que se produzca “un incendio”.
Hablamos de contexto neuroemocional.
Por ello es importante evitar consumirlo.

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