19/01/2026
El día que se permite estar triste (?)
Por: Antonio Quiñones
Hay días en los que uno no quiere aprender nada nuevo. No porque no le interese el mundo, sino porque el mundo chinga y jode demasiado. Y entonces aparece una frase meme, casi chiste, que vuelve a tener sentido: "paren el mundo que me quiero bajar". Y no es para ser dramático, no es para desaparecer, no para renunciar a todo, sino para sentarse tantito en la banqueta mientras todo sigue pasando.
El Blue Monday funciona parecido. No como explicación real del malestar, sino como permiso simbólico. Hoy sí puedes estar triste, hoy sí se vale. Mañana no exageres. Es curioso: necesitamos que un calendario, una fórmula dudosa o un hashtag nos autoricen algo tan básico como sentir cansancio. Como si la tristeza, para ser legítima, tuviera que venir día festivo.
El problema no es que el mundo no se detenga (eso nunca ha sido opción), sino la expectativa de que nosotros tampoco podamos hacerlo. Que sigamos rindiendo igual, respondiendo igual, sonriendo igual. No basta con cumplir: hay que hacerlo con actitud. Y entonces la tristeza no solo incomoda porque duele, sino porque estorba. Porque no es eficiente.
La frase “¿estás triste? no estés triste” (gracias por resolverlo HDTPM) resume bastante bien esa lógica. No viene del villano, viene del sentido común. De la buena intención. De la incomodidad frente al afecto ajeno. No sabemos qué hacer con la tristeza, así que intentamos excluirla rápido, como quien le dice que no al que limpia los vidrios en el crucero. El asunto es que, a veces, lo que necesitamos no es cerrar nada, sino quedarnos un rato sintiendo el clima.
Parar no siempre significa bajarse del mundo. A veces es algo mucho menos dramático y mucho más difícil: seguir yendo, pero no al mismo ritmo. Estar, pero sin la obligación de estar bien. Darse un margen interno donde no todo tenga que resolverse justo hoy. Y no, no hay que pedir permiso. No al trabajo, no a la familia, no a las redes, no al algoritmo emocional que nos dice cómo deberíamos sentirnos a estas alturas del año.
Donald Winnicott decía que “la capacidad de estar a solas es uno de los signos más importantes de madurez emocional”. Tal vez hoy habría que actualizarlo: la capacidad de estar mal un rato, sin explicarlo demasiado, también lo es. No como estandarte, no como identidad, sino como tránsito.
Quizá no necesitamos que el mundo se detenga. Quizá basta con dejar de tratarnos como si no pudiéramos detenernos nunca. Darnos ese tiempecito incómodo, sin épica y sin discurso motivacional, para luego acomodarnos otra vez con el mundo. No porque ya todo esté bien, sino porque ahora sabemos dónde nos aprieta.
Y si hoy es lunes, azul o del color que sea, que al menos no sea otro día en el que tengamos que fingir que no pasa nada.
Ilustración de Los Indispensables