10/04/2026
En consulta, nos encontramos frecuentemente con una escena muy dolorosa: una persona llega sintiéndose devastada y traicionada, mientras la otra parte se defiende diciendo que «eso nunca se prohibió».
Es una situación crítica. Por un lado, hay un sentimiento legítimo de ofensa; por el otro, la ausencia de un acuerdo explícito.
¿Significa esto que la infidelidad está justificada si no se habló? Rotundamente, no. Lo que sucede es que el silencio sobre nuestra visión de la exclusividad o inclusividad sexoafectiva crea un "punto ciego". Cuando navegamos una relación en piloto automático, asumiendo que el otro entiende la fidelidad exactamente como nosotros, estamos dejando el vínculo al azar.
El problema de las reglas que no se hablan es que:
- No protegen a nadie: Solo generan una falsa sensación de seguridad.
- Dificultan la reparación: Es mucho más difícil resolver un problema cuando las partes no coinciden en qué fue lo que falló.
- Cargan la relación de suposiciones: Y las suposiciones son el terreno donde suelen nacer las crisis de confianza.
Hablar sobre cómo queremos vivir nuestra afectividad y nuestra sexualidad —ya sea desde la exclusividad más tradicional o desde la apertura consciente— no es una conversación "incómoda" que arruina el romance. Es, en realidad, el acto de cuidado más honesto que pueden tener.
No dejen que el primer momento en que definan sus límites sea cuando ya se han cruzado. Explicitar es proteger.