18/11/2025
Muchas personas esperan con ilusión la llegada de la Navidad, las vacaciones, la vuelta a casa, las reuniones con familiares y amigos o los regalos. Se trata de una época asociada a la alegría, la ilusión y el deseo por compartir con los más allegados los últimos días del año.
No obstante, la pérdida de un ser querido implica una experiencia muy diferente. Este año, la ausencia y el vacío son los nuevos invitados, unos invitados que promueven diversos estados emocionales como tristeza, apatía, rabia o, incluso, culpa. De esta forma, la Navidad pasa a convertirse en un auténtico terror, un periodo en el que el abandono de cualquier tipo de celebración, o el sentimiento de obligación de mantener las reuniones y cenas familiares, dan lugar a una experiencia silenciosa de duelo capaz de generar un gran malestar en las personas afectadas.
Este proceso de duelo puede dar lugar a distintas formas de afrontamiento, nuevos rituales y diversas maneras de actuar que modifican las tradiciones familiares, otorgando un nuevo significado a esta época del año. Además, el intento de evitar cualquier tipo de celebración se ve entorpecido debido a que la decoración y el espíritu navideño inundan las calles, el transporte público, los medios de comunicación… Por este motivo, son frecuentes los intentos de aislamiento, una conducta que trata de esquivar las emociones producidas por la pérdida de un ser querido en un periodo, la Navidad, en el que el recuerdo de “los que ya no están” se hace más palpable.
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