16/08/2026
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Antes de que un bebé respire por primera vez, una partera indígena ya observó la luna, reconoció las plantas que aliviarán a la madre, encendió el fuego. En muchas comunidades, traer una vida al mundo nunca fue solo un acto médico. Es también una forma de cuidar el bosque, el agua, la lengua y la memoria.
En Panamá, un médico tradicional guna pide permiso, en un susurro, antes de cortar una planta medicinal en el bosque. Esas plantas se convierten en Muu Ina, la medicina de las parteras Siggwi Gaed. Una de ellas, Claudina, recuperaba placentas de mujeres que habían dado a luz en hospitales, las bañaba con cacao y las enterraba bajo su casa: "Para que la inteligencia del bebé no se destruya."
En Ecuador, Narcisa Mashienta fundó Ikiama Nukuri en 2006, cuando la muerte materna sin registrar era altísima entre las mujeres achuar. Hoy la red reúne a más de 60 parteras que acompañaron cerca de 3.900 partos. "La selva es nuestra farmacia", dice Mashienta. "Si el bosque se contamina, se acaban nuestras plantas medicinales."
En México, Lilia Heber Pérez Díaz, del pueblo ayuujk, coordina la Organización de Mujeres Poj Kääj en Oaxaca. Ahí, el nacimiento no termina con el parto: sigue en el temazcal, un ritual de calor y plantas que conecta al recién nacido con su territorio.
Las tres coinciden en algo simple: no piden que la medicina tradicional se subordine a otro sistema. Piden que se le reconozca como lo que siempre fue, un conocimiento completo, capaz de sostener vidas durante generaciones sin que nadie más se lo enseñara.
Fuente basado en: Mongabay Latam — "Día de los Pueblos Indígenas 2026: la partería indígena como defensa de la vida y la naturaleza"