26/04/2026
Hacemos mal uso de nuestras palabras en ocasiones, esto repercute en quien las escucha y sobre todo en los niños que las escuchan...
Por ejemplo:
"Había una vez una mujer inteligente y de gran corazón. Esta mujer tenía una hija a la que adoraba. Una noche llegó a casa después de un duro día de trabajo, muy cansada, tensa y con terrible dolor de cabeza. Quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente. No era consciente de como se sentía su madre; estaba en su propio mundo, en su propio sueño. Se sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor. Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre aún empeoró más, hasta que en un momento determinado, la madre perdió el control. Miro muy enfadada a su preciosa hija y le dijo: »¡cállate! tienes una voz horrible. ¿es que no puedes estar callada?«
Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su hija fuera horrible. Pero la hija creyó lo que le dijo su madre y llegó un acuerdo con ella misma. Después de eso ya no cantó más, porque creía que su voz era horrible y que molestaría a cualquier persona que la oyera. En la escuela se volvió tímida, y si le pedían que cantase se negaba a hacerlo. Incluso hablar con las demás personas se convirtió en algo difícil. Ese nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña: creyó que debía reprimir sus emociones para que la aceptaran y amaran."
Los cuatro acuerdos
Dr Miguel Ruíz 1997
Siempre que escuchamos palabras u opiniones y las creemos pasan a formar parte de nuestro sistema de creencias es por eso que la niña creció y aunque tenía una voz bonita nunca volvió a cantar.