13/08/2026
Resentimientos
"A quienes los dioses destruirán, primero los harán enojar".
Al analizar los diferentes principios de A.A. hemos llegado a uno que se ha prestado siempre a mayor discusión, y que esta en el fondo de todas las dificultades. Este principio es: El peligro del resentimiento o autocompasión.
En el alcohólico, la frustración engendra la autocompasión, la autocompasión engendra el beber, el beber engendra la frustración, la frustración engendra el resentimiento, el resentimiento engendro la compasión, etc., etc., en un círculo sin fin hasta enfrentarse en tres caminos: el de la sobriedad, el de la locura o el de la muerte. Fue entonces cuando escogimos el de la sobriedad en A.A., y fue aquí donde aprendimos el principio de que: "Si el alcohólico repetía cualquier parte del circulo, este volverla a repetirse por si mismo".
Nosotros aprendimos a través del círculo citado que, para el alcohólico, el resentimiento y la autocompasión siempre habrían de ser hermanos gemelos. Que no importaba cuanto tiempo se hubiera estado sobrio, pues si se le permitía el lujo de entrar al resentimiento o a la autocompasión, con frecuencia o por largos periodos de tiempo. Automáticamente despertarla la compulsión por beber, o sea que el alcohólico no puede tolerar el resentimiento.
(Es la opinión del autor que la autocompasión no es otra cosa que el resentimiento volteado al revés. La autocompasión es el tipo cobarde de resentimiento; y cuando la persona se encuentra frustrada, al resentirse, se enconcha y se llena de autocompasión. De tal manera que de aquí en adelante usaremos solamente el término de resentimiento, incluyendo en el la autocompasión).
Si se tolera el resentimiento, volverá nuevamente el viejo patrón: el pensamiento alcohólico y de ahí, a beber. Esto lleva al círculo mencionado. Una copa lleva al resentimiento, etc., etc. Ignoramos por que sucede esto, pero sabemos por nuestra larga experiencia que así es.
Es un hecho en la experiencia de la raza humana, aunque poco se ha escrito sobre esto, que en el fondo de la mayoría de los problemas de la vida ‐incluyendo la espiritual‐, esta el resentimiento. Es tan importante esta verdad que, quien controle el "resentimiento" (y en este término incluimos cualquiera de sus miles de grados, desde el caer mal hasta el positivo y maléfico odio) controlara la vida actual y futura.
El 98 % de los problemas de la vida germinan, en alguna forma directa o indirecta, del resentimiento. Y es sin excepción el preludio a la botella.
Ahora bien, si esto es cierto, tratemos de contestar tres preguntas pertinentes:
¿Que es el resentimiento?
¿De dónde proviene?
¿Qué vamos a hacer acerca de el?
La contestación a estas tres preguntas esta en el análisis del término mismo: resentimiento se deriva del latín re y sentiré. "Sentiré" quiere decir sentir, y el "re" nuevamente, o sea que el resentimiento nace de volver a sentir una lesión al orgullo o una lesión al propio ego. Por lo tanto, cuando hay algo que lesiona nuestro orgullo, nos enojamos, irritamos o molestamos, pero aun no estamos resentidos. Esta lesión seria leve de no ser porque con el resentimiento volvemos a sentirla; la nutrimos, la removemos, o sea que la cultivamos. Estamos lastimados e infectamos la herida porque volvemos a rascarla, volvemos a sentirla, y una vez infectada, un antibiótico positivo podrá curarla y eliminarla. El único en el área del odio, hacia el que todo resentimiento se dirige, es el amor. De este pequeño análisis resultan tres verdades importantes y aparentes:
‐ 1. Nosotros obtendremos resentimientos del orgullo. Tendremos siempre esta tendencia, ya que el orgullo lo llevaremos hasta la muerte; pero podemos aminorarlo y eliminar mucho del el, por medio de su antónimo: la humildad.
Muchas personas en este mundo piensan equivocadamente que pueden eliminar muchas pasiones, por ejemplo: la vanidad. Esto nos hace recordar la historia de un profesor que enseñaba sobre la vida espiritual, y que decía a sus alumnos que trataran de eliminar una pasión por año; pero esto no puede lograrse. Nosotros tenemos siete pasiones básicas, siete impulsos a la acción, siete tendencias fundamentalmente humanas.
Es la ley de la carne peleando contra la ley del espíritu, mencionada por San Pablo. Pero estas tendencias no pueden ser eliminadas. Son necesarias para la vida, para la acción. Son buenas por sí mismas, pero tienden a salirse de su cauce normal y es nuestra obligación controlarlas. Cerrar los ojos a ellas es lo que en psiquiatría se llama represión y es responsable de muchas neurosis. Veamos uno o dos ejemplos.
Todos tenemos la pasión de la lujuria, el s**o. El negar que tengamos este impulso o deseo es "represión" y no es sano, y nos lleva a un comportamiento neurótico. Esto no quiere decir que debemos dar rienda suelta al s**o. El dar rienda suelta a ello no cura la neurosis. Lo que quiere decir es que debemos, en forma consciente, admitir que tenemos este impulso sexual, y luego, ya sea:
a) Utilizarlo de acuerdo con la razón de la ley de nuestro Creador; o
b) Abstenernos voluntariamente en un estado simple.
Estos son en ambos casos controlados por medio de:
1.‐ El uso razonable, o
2.‐ La abstinencia total.
Las dos son prácticas sanas, ya que la abstinencia no es represión.
También todos tendemos a enojarnos. Sin embargo, se dice que existen quienes jamás se irritan o se enojan, y también se dice que existen personas tan tontas en este mundo, que no cometen pecado. Pero, amigos, nosotros no pertenecemos a esta clase, y esta es una buena tendencia; nos da el impulso, el empuje, la iniciativa y todas las cosas necesarias para una buena vida.
Pero cuando damos rienda suelta al enojo como puerta a la frustración, resentimiento y autocompasión, entonces esta fuera de la razón y también lleva a la neurosis, y en el alcohólico... a la botella.
De tal manera que nosotros jamás tratamos de eliminar estas tendencias. Estarán con nosotros hasta la muerte. Pero podemos gradualmente controlarlas y dirigirlas practicando la virtud opuesta.
Nosotros podemos adquirir, practicando la virtud opuesta, un poco de control: disminuir o bajar el número de ocasiones en cuanto a nuestro orgullo herido, que es el origen del resentimiento, y podemos bajar el número de veces y la severidad de estas heridas si día con día practicamos la virtud opuesta: la humildad; no hay que olvidar que, entre mas grandes se crea que son, mas fácil sera para nosotros disputar la idea. Por lo tanto, el corolario practico a la verdad anterior sera aprender a disminuir el número de veces de dar cabida al resentimiento con relación a la verdadera humildad que adquirimos.
‐ 2. Los resentimientos se ahondaran y crecerán dentro de nosotros, si volvemos a sentir las heridas. Por tanto, no se quedaran ni crecerán si los dejamos ir y nos rehusamos a pensar y a volver a sentir la irritación.
Pero, ¿cuantas veces es lo contrario? En lugar de olvidarlo, nos lo guardamos, pensamos en el, volvemos a sentirlo una y otra vez, y en solo 24 horas, lo que era herida leve, se vuelve un hondo, profundo y peligroso resentimiento. ¿Que es lo que dijo?" "Ah, si, quiso decir..." "! El tal por cual!" "! Me la va a pagar!" "Me voy a desquitar" y... el resentimiento engendra...? Recuerda La mayoría de irritaciones se evaporarían rápidamente si en todas las ocasiones que nos lastimaran o molestaran las personas, inmediatamente elimináramos de nuestro pensamiento el incidente?
¿Qué hacer? Olvídelo... El dijo tal y tal cosa, y ?qui? Rehusé volver a sentir. Y, ?sabe algo? Si alguien nos dice que somas tal o cual, ?lo somos o no lo somos? Y si lo somos, ?qui vamos a hacerle? Y si no lo somos, ?por qui vamos a enojarnos por ello?
‐ 3. Eliminaremos los resentimientos que ya hemos adquirido no deseando solamente quitárnoslos, sino practicando actos positivos de amor.
Nosotros debemos hacer el bien a aquellos que nos causan resentimientos. Debemos practicar actos positivos de amor por ellos, y amor es la buena voluntad de hacerlo. De otra forma, continuaremos odiando, sin importar por cuanto tiempo o qui tanto queramos no resentir u odiar.
Y aquí también, entre mas consistente sea el habito de amar en nuestro diario vivir, menores oportunidades de resentimiento habrá y mas fácil y rápidamente desaparecerá cuando surja un problema.
En A. A. encontramos, especialmente en el principio de la sobriedad, que no estamos acondicionados a la práctica del amor y de la humildad. Hemos vivido tanto tiempo con nuestro patrón de la bebida, que hemos recogido hábitos patológicos de orgullo, odio y resentimiento. Estamos llenos de eso, y ahora encontramos que podemos usar algo de ayuda natural extra para proteger nuestra sensibilidad alcohólica, hasta que podamos seguir por el camino estable de la virtud, y especialmente hasta que logremos controlar nuestras heridas con mayor consistencia. Y es así que hacemos uso de algunas herramientas que llamamos "trucos" y que no son otra cosa que dichos populares que, si penetran en nuestro consciente, servirán como armadura contra las flechas del infortunio.
El primero de éstos es:
Espere la crítica. No importa quiénes seamos, no importa lo competentes e importantes, ni lo buenos que sean nuestros motivos o nosotros mismos. Si hacemos algo en la vida, seremos criticados. Pero cualquier crítica no es de ninguna manera una medida del valor, sinceridad o moralidad de nuestros actos. Si nos enfrentamos diariamente a la vida esperando la crítica, entonces, cuando llegue, no nos tomara desprevenidos, no nos lastimara, no nos sorprenderá, porque ya lo sabíamos y, además, podremos hasta buscarla, ya que en vez de molestamos, nos divertirá.
El autor aprendió este truco en sus primeros días de escritor y orador, y aun cuando algunas críticas lo irritaban, después las buscaba con el fin de divertirse como con las tiras cómicas de los domingos, que, al no tenerlas, se extravían.
El segundo truco:
Existe en toda clase de grupos de seres humanos, cuando menos uno que esta en contra de todo y de todos. Dios lo puso allá con el fin de dar a los demás la oportunidad de practicar la tolerancia, paciencia, comprensión, amor, etc.
Con este conocimiento, sera un reto el tolerar y pasar inadvertidas todas las diatribas (criticas) del individuo en el grupo que siempre esta en contra de todo y no deja que el trabajo de nadie se haga sin molestias