27/11/2025
Mucho tiempo viví peleada con la infidelidad.
Mucho tiempo le temí a las mentiras, me aterraba que me vieran la cara otra vez y que jugaran con mis sentimientos.
Y durante todo ese tiempo creí que debía tener el control de todo para evitar que pasara. Cuidaba cada movimiento, analizaba los gestos, interpretaba los actos, revisaba el celular, la ropa, espiaba y perseguía; no vivía ni dejaba vivir era un in****no.
Hasta que un día entendí que, en realidad, no estaba en mis manos. Que si me querían ser infiel aunque hiciera todo no podía detener ni influir en la decisión del otro, que la lealtad se da por decisión libremente no se exige ni se ruega.
Desde ese momento solté el control, solté la necesidad de sobreproteger, de anticipar, de vigilar. Pero para llegar a ese momento me tuve que derrotar a mi misma, tuve que aceptar que nadie me pertenece y que puedo ser feliz aunque decidan no caminar a mi lado.
Entendí que cuando alguien decide fallar en una relación, lo hará sin importar cuánto uno cuide, advierta o ruegue que no suceda.
Entonces, liberé internamente a mi pareja. Solté sus decisiones, respete sus elecciones... entendí que mi valor no dependia de su actuar. Lo vi como un ser libre, autónomo e independiente, capaz de tomar sus propias decisiones —buenas o malas— y de asumir las consecuencias de sus actos pero sin afectarme mas a mi.
Desde ese día puedo dormir y vivir en paz. Dejé de temer que mi pareja me engañe, me mienta o se vaya con otra persona, si eso es lo que algún día decide hacer.
Confío en que, si algo así sucede, la verdad llegará a mí sin que tenga que buscarla.
Y confío en mí misma: en que sabré qué hacer, qué decir y, sobre todo, cuándo irme.
Mientras eso no ocurra, elijo vivir tranquila, sin miedos y sin fantasmas que me atormentan.
Reflexión
El miedo a la traición, al abandono, al rechazo y a las mentiras es uno de los más comunes en las relaciones de pareja.
Pero quiero aclarar algo: la infidelidad no es el verdadero problema.
El verdadero problema es que, probablemente, ya ha pasado, ya te han lastimado… y aun así decidiste quedarte o probablemente creciste en un hogar donde ya habia sucedido y te marco.
La traición duele, sí, pero duele más quedarse intentando volver a confiar y a reconstruir algo que nunca volverá a ser igual. Si no tienes la capacidad de perdonar de corazón, no le arruines la vida al otro echándole en cara su traición, el que perdona no olvida pero tampoco vive cargando el dolor y restregandolo cada que se acuerda o encuentra la oportunidad.
Por eso, trabajemos nuestros miedos y nuestra relación con nosotros mismos.
Pongámonos primero y aprendamos a amarnos para poder amar al otro.
Esa será nuestra verdadera garantía si algún día algo vuelve a pasar.
Porque lo único que está realmente en nuestras manos no es evitar que suceda, sino decidir qué haremos casi llegará a suceder pero no es sano y normal vivir pensando que pasará.
Suelta el trauma y vive feliz y libre.
📆Próxima experiencia 5, 6 y 7 de diciembre.
📌Guadalajara, Jal.
Experiencia espiritual, NO RELIGIOSA