02/07/2026
Queridos Addy y Alfonso:
Han pasado ya algunos meses desde aquella experiencia con la medicina del sapito, y siento que apenas ahora comienzo a comprender la profundidad de lo que viví.
Llegué solo, rendido ante la vida, dispuesto a soltar aquello que ya no podía sostener. Me entregué por completo a la medicina y, en ese instante, algo en mí murió para que algo mucho más verdadero pudiera nacer. Hoy miro ese momento con inmensa gratitud y reconozco el valor que tuvo llegar hasta ahí.
Gracias por sostenerme con tanto amor. En el momento más vulnerable de mi vida me sentí profundamente protegido, acompañado y bienvenido. Nunca olvidaré la paz que transmitían sus palabras ni la confianza con la que me guiaron a través de ese umbral.
En ese silencio recordé. Recordé mi naturaleza, sin necesidad de dar explicaciones a todo, sin juzgarme y abrazándome con una compasión que había olvidado. Recordé la fuente de la que todos venimos y, con ese recuerdo, surgieron una paz y un gozo difíciles de describir.
Desde entonces la vida ha adquirido una profundidad distinta. Los pequeños detalles se han vuelto sagrados: sentir cada célula de mi cuerpo, el viento sobre la piel, el agua, los sonidos, las texturas, contemplar la naturaleza y reconocer que nosotros también somos naturaleza. La existencia dejó de ser algo que debía comprender para convertirse en algo que simplemente puedo vivir.
Con el paso de estos meses de integración siento que este nuevo viaje apenas está levantando el vuelo. No ha sido un camino lineal; ha sido un proceso de recordar, una y otra vez, quién soy detrás de las historias, los miedos y las máscaras. Y ese ha sido, para mí, el regalo más grande.
Ahora comprendo desde otro lugar aquellas palabras que me acompañaron desde que conocí el budismo. Durante años recité el Sutra del Corazón con profunda devoción, pero hoy siento que sus enseñanzas dejaron de ser solo conceptos para convertirse en una vivencia.
“La forma es vacío y el vacío es forma.”
Durante mucho tiempo intenté comprender esa frase con la mente. Hoy simplemente la contemplo con el corazón. Ya no necesito entenderlo todo; basta con recordar. Y en ese recordar aparece una libertad inmensa, una paz profunda y una gratitud infinita por esta maravillosa oportunidad de estar vivos.
Me quedo para siempre con las palabras que me regalaron aquel día:
“Suéltalo y recuerda quién eres.”
Qué sencillas… y qué infinitamente profundas.
Los admiro profundamente por el servicio que ofrecen y por la humildad con la que comparten esta medicina. Gracias por abrir un espacio donde tantas personas pueden volver a encontrarse con la fuente y recordar quiénes son en esencia.
Espero de corazón volver a abrazarlos pronto. Gracias por haber sido los guardianes de ese umbral, por sostener con tanto amor mi renacer y por acompañarme en uno de los momentos más sagrados de mi vida.
Que la vida los siga bendiciendo para que continúen iluminando el camino de quienes, como yo, llegan buscando respuestas y terminan recordando que, en realidad, siempre fueron parte de la misma fuente.
Con todo mi cariño, admiración y gratitud. 🌍🌏🌎