05/06/2026
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Alguna vez te has preguntado:
¿Qué es este dolor que el pecho te oprime, que roba el aliento y en silencio gime?
No es un vacío ni es una condena,
es simplemente el amor que transita en pena.
Es el cariño profundo que ha perdido su puerto, un mar de nostalgia cruzando el desierto.
No es una flaqueza que debas callar,
ni una pesada carga que debas soltar.
Es el precio sagrado de haber amado tanto,que hoy busca alivio vestido de llanto.
Es esa pausa que haces al sentir un perfume, es el recuerdo constante que el alma consume.
Es la fuerza vital de un abrazo pendiente, que choca en el muro de un cuerpo ausente.
Si hoy este duelo te nubla la vida,
no intentes de prisa cerrar esta herida.
Mírala de frente con tierna piedad,
pues tu sufrimiento es tu inmensidad.
Es la huella imborrable de que alguien vivió, que marcó tu camino y tu historia cambió.
Date el permiso valiente de sentir el quebranto, porque el dolor es amor, pero bajo otro manto.
Ese manto te abraza en la noche más fría, cuando sientes que el mundo perdió su alegría.
Te enseña despacio, con paso callado,
a seguir caminando con quien se ha marchado.
No muere quien parte si habita en tu mente, se vuelve un susurro, un faro latente.
El duelo es un puente, difícil y umbrío,
que ayuda a tu alma a cruzar el vacío.
Al final de este viaje de sombra y de pena, la luz que anhelabas por fin te serena.
Entiendes entonces, con dulce consuelo,
que sanar no es olvido, es quitarle el velo.
Si sientes que el peso te dobla la espalda, y buscas la paz que tu espíritu aguarda, no cruces a solas la noche callada, aquí hay una mano para guiarte en tu día y ardua jornada.
Dr. Fernando García Paulín
Psicólogo - Tanatólogo - PNL