26/07/2026
Muy corto tiempo después de que te mueras, alguien ya está pensando dónde va a comer, con quién comer y qué comer, mientras tú ya no tienes oportunidad de comer nada. Y eso no es falta de respeto ni de amor, sino parte del proceso de la existencia misma siguiendo su curso.
Como todos sabemos que el tiempo ni el mundo no se detienen: el sol sale cada mañana como siempre y las calles hacen ruido como siempre. Pero lo único que verán es tu silla vacía; quizá verla duele y se siente la ausencia, sin embargo, la vida sigue. Y ahí entiendes una verdad incómoda: la es más grande que la
Cuando comprendes esa verdad, entonces despiertas antes de que te mueras y entiendes que nadie va a vivir por ti, que tus sueños no se cumplen esperando, ni tus heridas se sanan con tiempo, sino con decisiones. Así que quedarte donde no hay es una forma lenta de morir, y acostumbrarte al dolor no es fortaleza, sino la manera de dejar de vivir la vida.
Por eso es importante aprender a vivir cada día, cada momento, aunque tu entorno esté viviendo su proceso. Avanza en el camino que quieres, aunque tiemble el cuerpo, y equivócate sin miedo a que duren los demás. Cambia de rumbo si hace falta y empieza de cero si ya no queda nada.
No negocies tu ni te quedes con gente que te apaga.
Elígete a ti mismo, aunque sientas que no puedes, aunque dé miedo, aunque tengas que soltar a aquellos que no quieren avanzar en el camino.
Ojo:
👀 Esta verdad no es para deprimirte, sino para despertarte.
La muerte no avisa, el tiempo no espera y la existencia sigue su marcha. Un día simplemente se acaba todo, y ese día nadie irá contigo: te vas absolutamente solo con tu soledad.
Así que hazlo hoy, despiértate, sé feliz y vive con alegría. No postergues para mañana lo que puedes hacer hoy, no guardes cosas para después, no calles lo que pesa. Porque tú no viniste a esta vida a sobrevivirla ni a pasársela mal, sino viniste a despertarte, a descubrir el amor del ser humano y la libertad de disfrutar el mundo con total consciencia del Ser.
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