05/06/2026
Hay algo curioso que ocurre en cualquier partido.
Los jugadores saben cuál es el marcador. Saben si van ganando o perdiendo. Pero no pueden quedarse observándolo todo el tiempo.
Porque ningún gol se anota mirando el marcador.
Todos ocurren mientras alguien vuelve a mirar el balón.
En la vida sucede algo parecido.
La ansiedad nos hace mirar constantemente el marcador.
Nos recuerda cuántas veces fallamos.
Cuántas oportunidades perdimos.
Cuántas personas se fueron.
Cuánto tiempo ha pasado.
Qué tan lejos estamos de donde creíamos que estaríamos.
Y poco a poco comenzamos a vivir pendientes del resultado.
Como si observarlo una y otra vez pudiera cambiar algo. Pero el marcador solo habla de lo que ya ocurrió.
El balón, en cambio, representa lo único que todavía está vivo.
La conversación que aún puedes tener.
La decisión que aún puedes tomar.
El paso que aún puedes dar.
La oportunidad que todavía existe frente a ti.
Quizá por eso la esperanza no niega la realidad. La esperanza sabe perfectamente cómo va el partido.
Simplemente entiende que quedarse mirando el marcador no ayuda a jugar mejor.
Por eso vuelve la vista al balón.
Porque sabe que el pasado ya fue contado.
Y que el futuro todavía no está escrito.
La ansiedad pregunta constantemente:
"¿Y si ya es demasiado tarde?"
La esperanza responde:
"Mientras el balón siga en juego, todavía hay algo que puedo hacer."
Y no estoy hablando solo de futbol ⚽...