07/08/2026
EJERCICIO: DEMUÉSTRAME QUE TENGO RAZÓN POR NADIAUCDM
Hoy no quiero que trabajes con lo que te hicieron, ni con tu pasado, ni siquiera con aquello que dices que todavía no puedes perdonar. Hoy quiero que observes algo bastante más incómodo: todas las pruebas que sigues buscando para demostrar que tu manera de ver las cosas es correcta. Elige una relación que te quite la paz, puede ser con tu pareja, tu ex, tu madre, tu padre, un hijo, un amigo, alguien del trabajo o cualquier persona con quien tengas una historia complicada, y completa esta frase sin tratar de sonar consciente ni espiritual: “Yo ya sé que esta persona es…” Termínala todas las veces que sea necesario, “egoísta”, “fría”, “controladora”, “desconsiderado”, “incapaz de quererme”, “alguien que siempre termina haciéndome daño”, “alguien para quien nunca soy suficiente”, escribe todo, especialmente aquello de lo que estás completamente seguro.
Ahora viene la parte interesante, debajo de cada afirmación escribe: “¿Qué pruebas busco para confirmar que esto es verdad?” Y no te hagas güey con la respuesta. Observa qué recuerdas cuando piensas en esa persona, qué comentarios registras inmediatamente, qué gestos interpretas, qué mensajes vuelves a leer, qué acontecimientos del pasado sacas del archivo cada vez que necesitas confirmar tu conclusión, incluso observa qué cosas buenas minimizas, descartas o simplemente no ves porque no coinciden con el personaje que ya construiste. Quizá empieces a darte cuenta de algo bastante fuerte: no solamente estás viendo, también estás seleccionando. Tu mente tiene una conclusión y después sale al mundo a reunir evidencia para sostenerla.
Ahora escribe el nombre de esa persona en medio de una hoja y debajo coloca esta frase: “Necesito que tú sigas siendo así para que mi juicio sobre ti siga teniendo sentido.” Léela varias veces, despacio, porque aquí empieza la verdadera confrontación. Pregúntate: ¿qué pasaría conmigo si mañana esta persona dejara de comportarse como yo espero?, ¿podría reconocer su cambio o encontraría una manera de desconfiar de él?, ¿cuántas veces alguien ha hecho algo diferente y yo he pensado “sí, pero ya veremos cuánto le dura”?, ¿realmente quiero ver algo nuevo o quiero tener razón? Ahora ve todavía más profundo y pregúntate: ¿qué tendría que soltar si aceptara que mi percepción de esta persona puede estar equivocada? Tal vez tendrías que soltar años de resentimiento, quizá tendrías que reconocer que has utilizado el pasado para interpretar cada presente, quizá perderías la posibilidad de seguir culpándola por algunas decisiones que hoy ya son tuyas, quizá tendrías que dejar de esperar una disculpa para comenzar a vivir, o quizá descubrirías algo todavía más incómodo: que llevas mucho tiempo diciendo que quieres paz mientras sigues reuniendo argumentos para justificar por qué no puedes tenerla.
Y aquí quiero que seas brutalmente honesto contigo, porque no sirve contestar lo que “deberías” contestar según Un Curso de Milagros. Escribe: “Si tuviera que elegir entre tener razón acerca de esta persona o quedar completamente en paz con ella dentro de mi mente, elegiría:” y termina la frase. Si escribiste “tener razón”, no te juzgues ni lo maquilles. Por lo menos acabas de encontrar el verdadero lugar donde estás. Si escribiste “estar en paz”, entonces viene la siguiente pregunta: ¿estoy dispuesto a dejar de presentar mis pruebas?
Porque pedir otra percepción mientras sigues explicándole al Espíritu Santo por qué la tuya es correcta es como pedirle que te enseñe mientras tú continúas dando la clase. Cierra los ojos y dile: “Espíritu Santo, he reunido pruebas, recuerdos y argumentos para demostrar que sé quién es mi hermano, he llamado realidad a mis conclusiones y verdad a mis juicios, y muchas veces he preferido conservarlos antes que recibir Tu corrección. Hoy no te entrego a esta persona para que la cambies, te entrego mi necesidad de tener razón acerca de ella. No sé qué significa realmente lo que veo, no sé para qué es esta relación y no sé quién está delante de mí. Enséñame Tú.”
Quédate un momento en silencio y después haz algo que puede resultar mucho más difícil que perdonar: deja abierta la posibilidad de que no sabes. No tienes que convertir a esa persona en alguien maravilloso, justificar lo injustificable, reconciliarte, volver, confiar ciegamente ni permitir conductas que no quieres en tu vida. Nada de eso. Sólo necesitas cuestionar la sentencia que dictaste dentro de tu mente, porque quizá ésa sea una de las cárceles más difíciles de reconocer: creer que estás atrapado por lo que alguien es, cuando en realidad estás atrapado por tu necesidad de seguir demostrando que es exactamente como tú decidiste verlo.
Y antes de terminar escribe una última frase: “Tal vez hoy no necesito que tú seas diferente para estar en paz, tal vez necesito dejar de exigirte que sigas siendo culpable para que mi historia tenga razón.” Si esa frase te incomoda, quédate ahí, porque quizá no necesitas otro argumento, quizá necesitas un milagro.
NadiaUCDM