31/07/2026
Cuando una niña, un niño o un adolescente admira profundamente a un maestro, entrenador u otro adulto significativo, puede llegar a idealizarlo e incluso desarrollar sentimientos de enamoramiento. Esto puede ocurrir durante el desarrollo y no convierte al menor en responsable de lo que suceda después.
La responsabilidad siempre recae en el adulto.
Un docente o entrenador íntegro reconoce esa confianza, mantiene límites claros y protege el bienestar de sus estudiantes. Nunca busca encuentros a solas, conversaciones secretas, mensajes con un tono íntimo, favoritismos o cualquier conducta que confunda el vínculo educativo con una relación personal.
Como madres, padres y cuidadores, es importante enseñar a nuestras hijas e hijos que los adultos de confianza también deben respetar límites. Ningún maestro, entrenador o figura de autoridad debe pedir secretos, aislar a un estudiante de los demás o hacerle sentir que tiene una relación "especial" que deba ocultarse.
Y para quienes ejercen la docencia, el entrenamiento o cualquier labor con menores de edad: la admiración de un estudiante no es una invitación. Es una muestra de la enorme responsabilidad que implica su profesión. La ética se demuestra precisamente cuando se protegen esos límites.
Proteger a la infancia y la adolescencia no significa desconfiar de todos los maestros. Significa crear espacios donde el respeto, la transparencia y los límites saludables sean la norma, para que niñas, niños y adolescentes puedan aprender y crecer con seguridad.
La admiración de un menor nunca debe convertirse en una oportunidad para un adulto. Debe convertirse en un compromiso para protegerlo.
.