06/08/2026
Incluso la hora de la comida es crítica con él porque sólo quiere comer aquello que le gusta: sopa de pasta y ¡nada más Los padres se preguntan hasta qué punto tienen que seguir dándole la razón y, sobre todo, cómo encauzar esta situación.
Los niños deben ser guiados de forma necesaria y con afectuosa decisión, sobre todo, a partir de los dos años, cuando empiezan a mostrarse caprichosos , afirman su propia voluntad y autonomía. En este momento, se necesita una buena dosis de paciencia, sentido común, sensibilidad y mucha atención, porque se debe encontrar el punto justo de equilibrio entre dos necesidades que tienen una importancia idéntica: ponerle ciertos límites razonables y, al mismo tiempo, no someterlo hasta el punto de que renuncie a la afirmación de sí mismo.
Por lo tanto, los “no” deben ser pocos pero justos y los padres deben mostrarse inamovibles en su opinión sólo cuando el caso lo requiere: por ejemplo, cuando se trata de irse a dormir, de ponerse los zapatos o de mantenerse lejos de un peligro. En circunstancias de este tipo, mostrarse seguros de lo que se quiere conseguir es la mejor estrategia frente a un niño caprichoso. Si el pequeño sigue rebelándose, por ejemplo, se le tiene que decir: “Entiendo que en este momento no quieras hacerlo, pero se tiene que hacer…”.
En relación a la comida, los padres pueden mostrarse más conciliadores, porque forzar a un niño a comer siempre es contraproducente. En general, los caprichos no deben reprimirse con actitudes agresivas, que dan el peor de los ejemplos, sino utilizando un tono y una actitud conciliadora. También está prohibida cualquier forma de burla: el niño siempre debe ser respetado, si lo que se quiere es que aprenda a respetar las reglas y a las personas, en primer lugar, a sus padres.