04/08/2026
La vida es cambio constante🌱. Desde que nacemos, atravesamos procesos que necesitamos vivir para llegar a ser quienes somos. Es evolutivo, pero también es algo más…
Solemos pensar en estos cambios como algo externo: una nueva rutina, otra forma de vestir, otras personas alrededor, pero el psicoanálisis nos enseña que hay algo más profundo ocurriendo: cada transición es también un duelo.
Freud lo explicó en su escrito ✍🏼Duelo y melancolía; allí dijo que para poder avanzar hacia una nueva etapa, primero tenemos que soltar aquello que la etapa anterior ya nos dio. Cuando ese duelo se elabora, seguimos adelante. Cuando no logramos soltarlo, ese dolor puede quedar encapsulado dentro de nosotros, como si una parte de nosotros se negara a avanzar.
Es como si la mente quedara atrapada entre lo que ya no es y lo que aún no logra ser😮💨
Klein, otra analista, planteó que cada pérdida que vivimos de adultos reactiva los primeros duelos de la infancia, esas primeras experiencias de frustración, exclusión, rechazo o ausencias. Y decía que la manera en que resolvemos esos primeros duelos infantiles influye directamente en cómo enfrentamos, de adultos, cada nueva transición.
Por eso, si sientes que un cambio de etapa te remueve más de lo que esperabas, no es que algo esté mal en ti✋. Es tu psiquismo trabajando, con las herramientas que construiste y te construyeron desde tu infancia.
Sin acompañamiento, ese estado puede volverse agotador en lugar de transformador.
El psicoanálisis no acelera estos procesos ni los “arregla”, más bien les da un espacio para ser pensados. Ese es su valor en los momentos de transición: sostener lo que se pierde, para que lo nuevo pueda nacer con menos angustia y más sentido propio.
Si estás atravesando un cambio de etapa, de la adolescencia a la adultez, de la soltería a la pareja, de mujer a madre, no es “solo un cambio”. Es un trabajo psíquico. Y merece un espacio para acompañarlo🙏🏼