20/05/2019
Nuestro pensamiento está muy influenciado por múltiples sesgos y saber identificarlos es otro método eficaz para ayudarnos a tener un pensamiento más crítico y escéptico.
Los sesgos cognitivos son patrones de pensamiento "ilógicos" que alteran como procesamos la información y pueden conducir a que tomemos decisiones irracionales. Estos sesgos están condicionados por múltiples factores, desde emocionales a sociales. El concepto de sesgo cognitivo fue desarrollado en la década de 1970 por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman, teoría que aplicarían a la economía y por la que Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002 (Tversky había mu**to seis años antes).
A diferencia de las falacias, los sesgos son inherentes al pensamiento humano, probablemente como consecuencia de las adaptaciones evolutivas para la toma de decisiones eficaces cuando la información es escasa y se requieren decisiones rápidas. Lo que fue (y es) beneficioso en muchas situaciones. Este tema es tratado ampliamente en el recomendable libro de Kahneman "Pensar rápido, pensar despacio".
La lista de sesgos es amplísima e infografías como el "Cognitive Bias Codex" recogen casi ¡200! Su clasificación también es compleja, ya que las definiciones se pueden solapar, así como los factores que condicionan los sesgos: sociales, memoria, toma de decisiones, creencias, necesidad de actuar rápido, etc. A modo de ejemplo, en la imagen adjunta se muestran 12 sesgos cognitivos bastante comunes.
Debido a esta gran diversidad de sesgos íntimamente relacionados con funciones cognitivas que forman parte del ser humano, es imposible y totalmente ineficaz intentar identificar qué sesgos cognitivos están actuando en cada acción o pensamiento que realizamos en nuestro día a día. Sin embargo, todos tenemos que afrontar ocasionalmente decisiones importantes que deberían regirse por información fiable y criterios racionales. Si predominan los sesgos cognitivos al evaluar estas situaciones, en ciertas condiciones sociales y culturales (crisis económicas, desinformación, etc.), pueden fomentar el auge de movimientos negacionistas, pseudociencias o prejuicios sociales que son perjudiciales para toda la sociedad.
Para evitar las consecuencias indeseables de esas decisiones irresponsables condicionadas por los sesgos cognitivos, debemos observar toda la información posible, contrastar su fiabilidad y valorarla de forma lógica y metódica. Tenemos que "pensar despacio".