29/05/2026
¿Qué pasa si hoy no quiero hablar con nadie?
¿Qué pasa si hoy siento que el mundo es una completa locura?
¿Qué pasa si no tengo paciencia?
¿Qué pasa si ya no quiero seguir aguantando?
A veces, cuando hemos sostenido demasiado tiempo...
Cuando hemos atravesado procesos que nos exigieron presencia, fortaleza, resiliencia, apoyo, discreción y lo mejor de nuestros recursos internos...
Algo se agota.
Y entonces aparece una parte de nosotros que viene a restaurar el equilibrio.
Porque no estamos hechos solo para dar.
También necesitamos recibir.
No estamos hechos solo para avanzar.
También necesitamos detenernos.
No estamos hechos solo para expandirnos.
También necesitamos contraernos.
Cuando permanecemos demasiado tiempo en un solo movimiento, en una sola dirección, terminamos alejándonos de nuestra propia naturaleza.
Porque todo en la vida se *expande y se contrae.*
_*Detente un momento.*_
*Respira profundo.*
_¿Lo notas?_
*Expansión... (inhala)*
*Contracción... (exhala)*
Ninguno de estos movimientos es más importante que el otro.
Ambos son necesarios.
Ambos son sagrados.
Ambos sostienen la vida.
El conflicto aparece cuando nos resistimos a uno de ellos.
Cuando queremos estar siempre bien.
Siempre fuertes.
Siempre disponibles.
Siempre produciendo.
Siempre creciendo.
Pero la vida no funciona así.
La vida es cíclica.
Nos expandimos y nos recogemos.
Despertamos y dormimos.
Florecemos y descansamos.
Damos y recibimos.
Y cuando dejamos de luchar contra ese movimiento natural, algo dentro de nosotros encuentra alivio.
Porque comprendemos que nada permanece para siempre.
Ni la expansión.
Ni la contracción.
Todo pasa.
Todo se mueve.
Todo se transforma.
Y quizás hoy no necesites exigirte ser la versión luminosa, paciente o disponible de siempre.
Quizás hoy solo necesites escuchar lo que la vida está intentando enseñarte desde el movimiento que surge.
Porque hay una gran maestra que conoce perfectamente el ritmo de todos los ciclos.
La vida misma.
¿Cuánto tiempo tienes en el mismo movimiento?
Tal vez sea momento de cambiar...
Esto también es volver a la
Con amor,
Lolimar