11/08/2026
Para reflexionar ✨🙏
Una reflexión que, como profesional de la salud mental, considero importante leer y volver a leer.
La experiencia clínica nos enseña que no siempre tendremos todas las respuestas, pero sí tenemos la responsabilidad de seguir preguntando, profundizando, consultando y aprendiendo…
Ciertamente, la práctica profesional también requiere humildad: reconocer lo que sabemos, identificar lo que no sabemos y tener la disposición de buscar ayuda… apoyo cuando sea necesario.✨
Me quedo especialmente con estas palabras de la Dra. Fermina L. Román:
“Que también nos rete a mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos:
¿Qué puedo hacer yo diferente?
¿Qué puedo aprender?
¿Dónde puedo crecer?
¿Qué pregunta adicional puedo hacer?”
🙏
Ayer fue el día 10 del juicio contra Lindsay Clancy y tengo que admitir que fue difícil mirar desde mi lugar como psicóloga con experiencia en salud mental perinatal.
Escuchar durante horas el contrainterrogatorio a la Dra. Jennifer Tufts me produjo ansiedad, pero, sobre todo, me llevó a reflexionar.
Porque hubo un momento en el que TODOS fuimos nuevos.
Un título nos prepara, pero no nos da automáticamente la experiencia. Y la experiencia importa.
La experiencia cambia las preguntas que hacemos, los detalles que llaman nuestra atención, los silencios que aprendemos a explorar y los patrones que comenzamos a reconocer. Y aun después de muchos años ejerciendo, se nos pueden escapar cosas. Seguimos siendo humanos.
Por eso, mientras reflexiono sobre este caso, no quiero que mi mirada se limite a señalar que una profesional tenía poca experiencia o que tenía interés en un área pero todavía no contaba con una especialización profunda en ella.
Tampoco quiero ignorar las fallas de un sistema que, desde mi perspectiva, falló en múltiples niveles.
Prefiero hacerme una pregunta más incómoda, pero mucho más útil:
¿Qué podemos aprender nosotros como profesionales?
¿Cómo podemos mejorar nuestra propia práctica?
👉🏻 Preguntar más. Y cuando algo no nos haga sentido, volver a preguntar.
👉🏻 Buscar información colateral. Con autorización y cuando clínicamente corresponda, hablar con familiares y otras personas que puedan ayudarnos a comprender el cuadro completo.
👉🏻 Solicitar expedientes completos y no conformarnos solamente con un resumen cuando necesitamos entender la trayectoria clínica.
👉🏻 Consultar con colegas, especialmente con quienes tienen mayor experiencia o especialización en un área que nosotros.
👉🏻 Profundizar cuando una paciente dice: “me siento desconectada”. ¿Desconectada cómo? ¿De quién? ¿De sí misma? ¿De sus hijos? ¿De lo que está ocurriendo a su alrededor?
👉🏻 No detenernos simplemente en: “¿Tienes pensamientos suicidas?” Preguntar otra vez. Explorar intención, planificación, desesperanza, acceso a medios, capacidad para mantenerse segura y cualquier cambio reciente.
👉🏻 En el periodo perinatal, preguntar también por los niños. Siempre.
👉🏻 No mirar únicamente cómo una persona se presenta durante una cita. Mirar la trayectoria: cómo estaba hace semanas, cómo está ahora, qué ha cambiado y hacia dónde parecen moverse sus síntomas.
👉🏻 Documentar cuidadosamente. Una nota clínica importa muchísimo.
👉🏻 Comunicarnos más con los demás profesionales involucrados en el tratamiento y fortalecer la coordinación de servicios. La salud mental no debería tratarse en pedazos aislados.
Cuando miro el tratamiento de Lindsay años después y conociendo este desenlace, veo tantos huecos. Tantas oportunidades que hoy, teniendo las piezas frente a nosotros, parecen mucho más evidentes.
Y eso me produce una tristeza enorme.
Me duele por ella. Me devastan esos tres niños.
Porque cuando hoy podemos colocar muchas de esas piezas juntas, vemos información fragmentada entre múltiples proveedores, diferentes niveles de atención, cambios de medicamentos y datos importantes distribuidos dentro de un sistema que no siempre logró conectarlos.
Lindsay buscó ayuda. Estuvo dentro del sistema de salud mental. Y aun así, el desenlace fue una tragedia inimaginable.
Decir eso no significa que desde el presente podamos saber exactamente qué habría cambiado el resultado. Pero sí significa que tenemos la responsabilidad de estudiar estas historias y preguntarnos dónde podemos hacerlo mejor.
No podemos cambiar lo ocurrido con Cora, Dawson y Callan.
Pero sí podemos permitir que su historia nos transforme como profesionales de la conducta.
Que nos haga más curiosos clínicamente.
Más cuidadosos.
Más dispuestos a consultar.
Más atentos a aquello que no encaja.
Más comprometidos con la comunicación entre proveedores.
Y suficientemente humildes para reconocer todo lo que todavía podemos aprender.
Que este caso no solamente nos lleve a preguntarnos quién falló.
Que también nos rete a mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos:
¿Qué puedo hacer yo diferente?
¿Qué puedo aprender?
¿Dónde puedo crecer?
¿Qué pregunta adicional puedo hacer?
Que nos desafíe a ser mejores y a dar siempre esa milla extra por nuestros pacientes.
Dra. Fermina L. Román – Psicóloga