22/06/2026
Reflexiones de una estudiante del cuarto curso de Psicología de la UC.Asunción en referencia a las visitas académicas realizadas en el semestre al Hospital Psiquiátrico de Asunción y el Hospital Psiquiátrico EIRENE (Chaco).
Después de comparar ambas experiencias, llego a una conclusión que me incomoda, pero que no puedo ignorar, la salud mental funciona como un lujo económico en Paraguay. No porque el sufrimiento sea exclusivo de quienes tienen poder adquisitivo, sino porque el acceso a un tratamiento digno depende del dinero. Las personas con menos recursos deben recurrir a un sistema saturado, con poca infraestructura y con profesionales que trabajan al límite. Quienes pueden pagar acceden a espacios más cuidados, con más tiempo de atención y con mejores opciones terapéuticas. Esta desigualdad afecta la calidad del tratamiento y la forma en que cada persona vive su proceso emocional. La salud mental debería ser un derecho, pero hoy se vive como un privilegio. Esta realidad refleja una deuda con quienes buscan ayuda y no encuentran un espacio adecuado. Como futura profesional, esta situación me hace reflexionar. La psicología no puede ignorar las condiciones sociales que rodean al paciente. Mis visitas a ambos hospitales me mostraron que la salud mental necesita políticas públicas más fuertes, más inversión y más compromiso social. No basta con hablar de bienestar emocional si no existen espacios donde ese bienestar pueda construirse. Como estudiantes debemos asumir el compromiso de trabajar para reducir estas brechas, porque una persona que enfrenta un proceso terapéutico con mejores recursos tiene mayor posibilidad de una recuperación favorable y de una reinserción plena en la sociedad. Si bien fueron necesarias ambas visitas para conocer diferentes realidades, es imposible salir de ellas y no cuestionarse la manera en que encaramos estas situaciones como sociedad, y de replantear cuál es nuestro papel para la mejoría de esta situación. Gracias Hilda!
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