02/07/2026
Últimamente, cada vez que vamos en el carro, hay una canción que no puede faltar. Apenas empieza a sonar, comienzas a bailar desde tu silla, moviendo tus manitas como si no existiera nada más alrededor. Y yo no puedo evitar sonreír... porque esos son los momentos que quisiera guardar para siempre. 🤍
Pensé que sería yo quien te enseñaría a vivir, pero, si soy honesta, has sido tú una de mis mejores maestras.
Contigo aprendí que desayunar también es importante. Antes el tiempo siempre me ganaba; ahora entiendo que para cuidar de ti también tengo que aprender a cuidarme.
Aprendí a sentarme en el suelo para descubrir el orden de tus juguetes, aunque solo tú entiendas por qué cada uno tiene su lugar. A inventar canciones sin sentido, porque contigo cualquier momento puede convertirse en un concierto. 🎶
Aprendí que mis prisas no son tu tiempo.
Que un zapato se pone cuando tú estás lista. Que una flor merece ser observada varios minutos. Que caminar despacio también es una forma de llegar. 🌸
También aprendí a cuidar más mis palabras, mis gestos y mis reacciones. Porque tengo una pequeña compañera que me observa todo el tiempo y que, sin saberlo, me recuerda cada día la mujer que quiero ser.
Y, entre todo eso, hemos construido algo que atesoro profundamente: nuestra complicidad.
Ese idioma que no aparece en ningún diccionario. Donde una mirada basta, donde un gesto tiene significado y donde muchas veces solo yo entiendo exactamente lo que quieres decir, aunque las palabras todavía no alcancen.
Me encanta descubrir quién eres.
Tu forma de construir, de bailar como si nadie te estuviera viendo, de observar cada detalle y de encontrar magia en las cosas más simples. Me emociona saber que todavía queda tanto por conocer de ti.
Gracias por enseñarme que crecer nunca termina.
A veces solo cambia de la mano que nos lleva. 💗