08/03/2026
Hay casos que no me dejan dormir.
El caso de Lindsay Clancy es uno de ellos.
No porque tenga todas las respuestas. Al contrario. Porque me dejó con demasiadas preguntas.
Lindsay presuntamente mató a sus tres hijos el 24 de enero de 2023 en su casa en Duxbury, Massachusetts. Sus hijos eran Cora (5 años), Dawson (3 años) y Callan (8 meses). Después, Lindsay intentó suicidarse lanzándose desde una ventana del segundo piso, sobreviviendo con lesiones graves que la dejaron con parálisis de la cintura hacia abajo.
Si la cronología presentada durante el juicio refleja con precisión lo ocurrido, estamos ante una mujer que buscó ayuda una y otra vez. Una madre que reportó insomnio severo, ansiedad intensa, pensamientos acelerados, confusión, desrealización, incapacidad para distinguir qué era real, pensamientos suicidas, alucinaciones, múltiples llamadas al 911, múltiples visitas a salas de emergencia, llamadas a líneas de crisis y un deterioro progresivo de su estado mental.
Y mientras ella decía una y otra vez: “Estoy empeorando”, el tratamiento farmacológico continuó cambiando.
En aproximadamente cuatro meses hubo alrededor de 13 medicamentos psiquiátricos o modificaciones en su tratamiento.
No escribo esto para demonizar los medicamentos. Como psicóloga trabajo todos los días con psiquiatras extraordinarios. He visto cómo un medicamento adecuado puede literalmente salvar una vida.
Pero también creo que ningún tratamiento debe reemplazar el pensamiento clínico.
Cuando un paciente empeora de forma tan dramática, necesitamos detenernos y volver a preguntarnos:
• ¿Seguimos frente al diagnóstico correcto?
• ¿Estamos considerando efectos adversos, interacciones medicamentosas, activación o síntomas de retirada?
• ¿La privación extrema del sueño se ha convertido en una emergencia médica?¿ tiene apoyo esta madre?
• ¿Estamos evaluando causas hormonales, neurológicas, metabólicas, inflamatorias o propias del período posparto?
• ¿Existe comunicación entre todos los profesionales que están atendiendo a esta persona?
Porque tratar a un ser humano no es simplemente tratar síntomas. Es comprender el contexto. Es escuchar cuando alguien dice: “Ya no soy yo.” Es tener la humildad de reconocer cuando el plan necesita replantearse.
Este caso también nos recuerda otra realidad: la salud mental perinatal puede ser una emergencia médica. No todo es depresión posparto. Existen otras condiciones graves, como la psicosis posparto, que requieren reconocimiento temprano, evaluación urgente y tratamiento intensivo.
No sé si alguna vez conoceremos todas las respuestas de este caso. Pero sí sé que no podemos permitir que una tragedia como esta pase sin aprender algo de ella.
Nuestros pacientes necesitan más que recetas.
Necesitan equipos que hablen entre sí.
Necesitan seguimiento cercano.
Necesitan profesionales que se atrevan a hacer preguntas difíciles.
Y, sobre todo, necesitan un sistema que escuche cuando alguien dice:
“Necesito ayuda. Estoy empeorando.”
Pienso en Lindsay, en Patrick, en sus tres pequeños hijos y en todas las familias que viven el peso de una enfermedad mental grave. Pienso en cómo el sistema le falló a esta madre que hizo lo que podía hacer: ¡buscar ayuda!
Ojalá esta tragedia nos haga mejores clínicos.
Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona y detrás de cada persona, una familia entera que también merece ser cuidada.
Dra Fermina L Román - Psicóloga